Imbécil, eso es lo que eres, un puto idiota. Y me da igual que vengas enchaquetao y que le hables a mi mujer con palabras finas. Muérete ya, cabronazo, y piérdete de mi vista.
¡Hombre!, ¿tú también? No te esperaba. Desde luego que hay que tener cara, sobre todo sabiendo que yo sé lo que trataste de hacerle a mi señora. Qué hijo de puta. Anda, piérdete. Y pensar que te traté como si fueses de la familia...
A ver quién viene ahora.
¡Ay!, hijo mío, eres tú. No sé qué decirte. Nunca lo supe ni lo intenté, y ahora...ya me ves, no es el mejor momento.
¡Vaya!, Rosa, que bien te has arreglado. Pareces otra, más...más hermosa. Yo, Rosa, yo te quiero. Siempre te he querido, aunque, eso sí, a mi manera. Y lo que te hice, sé que...no te lo merecías, y no estoy orgulloso de aquello, pero no importaba, porque tú eras la única. Lo demás era pasajero. Estás tan guapa..., perdona...
Y ahora tú. Termina pronto y desaparece.

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