José valcarcel y Agustina Aparicio murieron a la vez, cuando el coche en el que viajaban se estampó en la fachada de una casa, cuando aquella avispa entró por la ventanilla abierta y le picó en la mejilla a José, que era quien conducía.
Ellos eran una pareja atípica; él era ateo y ella creía.
Así que, justo después de morir, se miraron a los ojos y dijeron: ¡Vaya, qué sorpresa!

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