Vistas de página en total

domingo, 10 de diciembre de 2017

LA HERMANA

La hermana corre por los pasillos del convento en alocado frenesí. No sabe dónde ir, pero le pican algunas partes del cuerpo y tiene que rascarse de forma urgente. 
Las otras monjas se santiguan cuando pasan por su lado, pues la creen poseída por el mismo diablo. Si es el diablo, ¡que no se vaya!, dice la hermana corriente. 
Quiere llegar a su celda para tener la libertad de aliviarse hasta que ya no pueda más. 
¡Dios mío, qué gusto! Dice la hermana en plena labor. Esto es mejor que rezar. 
Y en la cima de aquel hallazgo, la hermana lanza un grito que se oye hasta en las cimas del kilimanjaro. Al volver del infinito gozo supremo, su mano vuelve a buscar el recoveco, el premio que se merece tras más de cuarenta años de rezarle al divino. 
Ahora lo entiende todo, los misterios de la fe, la gracia que dios derrama en quien persiste, la paciencia. 
Apenas llega la calma, la hermana vuelve a la oración con denodado esfuerzo. 
Tiene la íntima convicción de que esta vez necesitará menos tiempo, ya que conoce el camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario