El señor Olmo, famoso premio Nobel, llega a la residencia.
El director le recibe con todos los honores, acompañándole por las dependencias.
El personal no parece impresionado y, de hecho, no distingue entre aquel anciano y cualquier otro. Tiene ochenta y nueve años y principio de alzheimer. Es muy simpático con las chicas y no parece saber su verdadera edad. Y una eminencia en astrofisica.
Se pasa el día órbitando desde la sala de la televisión hasta la cocina, donde mendiga a la cocinera, con simpática picardía, trocitos de chocolate.
Aquella noche se quedó mirando su sopa de letras mientras la removía con la cuchara. La camarera se le acerca.
- Señor Olmo, le gusta mirar las letras...
- No son letras, señorita, son estrellas.
Y ya no regresó.

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