Debe ser un sueño. Seguro, un sueño.
No me puedo mover, no sé dónde estoy, no conozco a esta gente. Están como yo, sentados e inmóviles. No hablan, duermen. Quiero levantarme pero no puedo. No tengo apenas fuerza.
Y también el cinturón, que me sujeta con firmeza al sillón.
Mi nombre sí, aun es mío, pero lo demás es una nebulosa, lejana y difusa.
En la tele echan películas del oeste, una detrás de otra. Y de policías. Muchos tiros y persecuciones.
Quiero hablar, pero no me salen las palabras de la boca.
Ya estoy cansado de este sueño, quiero despertar, volver a ser yo, el que camina sin ataduras, el que respira a pleno pulmón.
Todos estamos igual, solos y envejecidos. Y no tenemos boca, ni voz. Apenas puedo mantener los ojos abiertos, pero los sonidos me inundan.
El sillón forma parte de mi cuerpo, estoy hundido. Sólo me queda el recuerdo de ser yo mismo cuando estaba despierto.
Veo mis manos, pero no tengo fuerza para moverlas.
Me pica la cabeza. Es una pesadilla.
Llega la mujer de blanco con las pastillas.
Abro la boca y me la tomo.
Y otra vez me hundo en el sillón, me hundo en el sueño.
No me puedo mover, no sé dónde estoy, no conozco a esta gente. Están como yo, sentados e inmóviles. No hablan, duermen. Quiero levantarme pero no puedo. No tengo apenas fuerza.
Y también el cinturón, que me sujeta con firmeza al sillón.
Mi nombre sí, aun es mío, pero lo demás es una nebulosa, lejana y difusa.
En la tele echan películas del oeste, una detrás de otra. Y de policías. Muchos tiros y persecuciones.
Quiero hablar, pero no me salen las palabras de la boca.
Ya estoy cansado de este sueño, quiero despertar, volver a ser yo, el que camina sin ataduras, el que respira a pleno pulmón.
Todos estamos igual, solos y envejecidos. Y no tenemos boca, ni voz. Apenas puedo mantener los ojos abiertos, pero los sonidos me inundan.
El sillón forma parte de mi cuerpo, estoy hundido. Sólo me queda el recuerdo de ser yo mismo cuando estaba despierto.
Veo mis manos, pero no tengo fuerza para moverlas.
Me pica la cabeza. Es una pesadilla.
Llega la mujer de blanco con las pastillas.
Abro la boca y me la tomo.
Y otra vez me hundo en el sillón, me hundo en el sueño.

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