Sólo hay que verla ahí, con ese plante, enfrente de mí. Esa mujer es de otro tiempo, cuerpo profundo, de olivo denso.
Busca en su bolso como quien busca respuestas en lo inmenso, ojos con peso que cambian las reglas milenarias de los consensos.
Y yo sigo paralizado.
Apenas soy capaz de recordarme a mí mismo, hipnotizado.
Después de lo eterno, me echa un vistazo, y ese instante de piedra acaba con lo que queda de realidad. Quiero ser átomo, planeta, galaxia que escapa de su poder de atracción.
Pero aquí estoy, quieto, dentro de mi coche parado, aquí, en medio de la vía, aquí, esperando sin esperanza alguna, que esa imponente mujer, vestigio de otra época, parada desde hace un siglo en medio de la vía, quiera seguir su camino y me deje seguir el mío.
Busca en su bolso como quien busca respuestas en lo inmenso, ojos con peso que cambian las reglas milenarias de los consensos.
Y yo sigo paralizado.
Apenas soy capaz de recordarme a mí mismo, hipnotizado.
Después de lo eterno, me echa un vistazo, y ese instante de piedra acaba con lo que queda de realidad. Quiero ser átomo, planeta, galaxia que escapa de su poder de atracción.
Pero aquí estoy, quieto, dentro de mi coche parado, aquí, en medio de la vía, aquí, esperando sin esperanza alguna, que esa imponente mujer, vestigio de otra época, parada desde hace un siglo en medio de la vía, quiera seguir su camino y me deje seguir el mío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario