Se fue.
Se fue la luz.
Se fue la luz en todo el país, quedando aquietado, adormecido, mortecino.
Es cierto que en un primer momento hubo quejas y algunos gritos, pero enseguida quedaron las caras cuajadas de pasmo. Y silencio.
Había gente que llevaba el móvil en la mano, y de vez en cuando lo intentaban poner en marcha. Después de algunos días, ya no quedaba energía en ninguna pila.
Pero sobre todo, las caras; serias y compungidas, estáticas, hieráticas, sorprendidas, detenidas, esperando.
Se fue la luz y nadie tenía respuestas. Un fallo del sistema.
Un día los niños empezaron a jugar, y la luz llegó, así, de pronto otra vez.
Menos mal que no fue la que todos esperaban.

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