Siempre creyó que el fondo era duro, ya sabes, como las piedras. Y que el golpe le dejaría aplastado. Pero se equivocaba.
Para empezar, la caída es, eso sí, aparatosa. La sensación es que el mundo se acaba. No hay suelo bajo los pies.
Pero enseguida te das cuenta de que es una oportunidad única para saber lo que se siente al volar en libertad.
En la caída no hay condiciones ni ataduras. Tampoco pensamientos. No hay obligaciones, las citas quedan canceladas, los amigos, lejos. Se quedan en nada las prisas, los vencimientos de las letras.
En la caída quedan suspendidos el cuerpo y el tiempo, desaparecen los padres y los hijos.
Al final, caer es como subir, pero al revés.
Y luego llega el rebote.
Para empezar, la caída es, eso sí, aparatosa. La sensación es que el mundo se acaba. No hay suelo bajo los pies.
Pero enseguida te das cuenta de que es una oportunidad única para saber lo que se siente al volar en libertad.
En la caída no hay condiciones ni ataduras. Tampoco pensamientos. No hay obligaciones, las citas quedan canceladas, los amigos, lejos. Se quedan en nada las prisas, los vencimientos de las letras.
En la caída quedan suspendidos el cuerpo y el tiempo, desaparecen los padres y los hijos.
Al final, caer es como subir, pero al revés.
Y luego llega el rebote.

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