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lunes, 11 de diciembre de 2017

LA EXPERTA

Antonio está a punto de cumplir noventa años. Lleva tres sentado en este sillón con ruedas, viajando vertiginosamente desde la salita al comedor y, finalmente, al dormitorio. Cada día el mismo recorrido, cada recorrido como si fuese el mismo día. 
La hermana Florencia se encarga de darle un buen vaso de agua justo después de que Antonio le haga saber, con su apagada voz, que ya no tiene más sed. 
Desde hace poco, también se cansa de comer, y antes de terminarse el plato triturado, Antonio deja caer la comida por las comisuras. Con su voz ahogada le dice a la monja que no tiene más hambre, pero la hermana, que es una experta en las cosas de dios, le dice que de eso nada, que ha dicho el médico que tiene que comer, y le incrusta cucharada tras cucharada en una boca que no puede oponer resistencia. 
Cuando termina la faena, la hermana sonríe de oreja a oreja, con la satisfacción del trabajo bien hecho. 
Antonio apenas puede ver, pero aun así le mira, y con la mirada le dice cosas que no se pueden reproducir. ¡Y decía que no quería más!, suelta la monja con voz jovial. Y ha dejado el plato vacío, espeta. 
Sí, experta en las cosas de dios. 
Pero estamos en la tierra.

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