La mamá abre la puerta del bar con la mano izquierda, mientras que con la derecha sigue manejando con endiablada soltura su móvil.
Su hijo entra tras ella, sin levantar los ojos del juego que juega en su propio móvil.
El camarero, tras la barra, levanta los ojos del móvil, visiblemente fastidiado por ser interrumpido mientras mandaba unos mensajes a su novia.
El señor que está sentado en la barra, alterna la mirada entre la tele y su móvil. A la vez que sigue el encuentro en la pantalla, consulta los resultados de los demás partidos en su página preferida de deportes.
Y los tres chavales que ocupan la pequeña mesa del rincón no dicen ni pío. Con una mano manejan el bocadillo y con la otra el móvil.
Todos, absolutamente todos, se encuentran movilizados.
Y a mí se me hace tarde. Me levanto y pago lo mío.
Apago mi móvil y me marcho.
Su hijo entra tras ella, sin levantar los ojos del juego que juega en su propio móvil.
El camarero, tras la barra, levanta los ojos del móvil, visiblemente fastidiado por ser interrumpido mientras mandaba unos mensajes a su novia.
El señor que está sentado en la barra, alterna la mirada entre la tele y su móvil. A la vez que sigue el encuentro en la pantalla, consulta los resultados de los demás partidos en su página preferida de deportes.
Y los tres chavales que ocupan la pequeña mesa del rincón no dicen ni pío. Con una mano manejan el bocadillo y con la otra el móvil.
Todos, absolutamente todos, se encuentran movilizados.
Y a mí se me hace tarde. Me levanto y pago lo mío.
Apago mi móvil y me marcho.

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