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viernes, 8 de diciembre de 2017

LA CITA

-El hotel conserva todo el aroma del antiguo convento sobre el que fue restaurado. También su calma, el aroma palpable de lo eterno. 
Juan llega a primera hora del viernes, pues su trabajo le permite cierta libertad de horarios. Juan es bibliotecario y siente pasión por la Historia. 
Está esperando al gran amor de su vida, Teresa, con la que vive un romance apasionado. 
Ella estudia filosofía y es profesora de latín, en un pequeño pueblo de Andalucía. 
Se conocieron en Egipto, ambos en viaje de vacaciones. Desde entonces se escriben tórridas cartas de fuego, y quedan de vez en cuando para compartirse en alma y cuerpo. Siempre aquí, en este hotel centenario. 
Ellos guardan un secreto que nunca podrán compartir. Nadie les creería si se atrevieran a contarlo. Lo descubrieron en el mismo momento que hicieron el amor la primera vez. Se reconocieron, se recordaron en aquel instante sin tiempo. 
Teresa ha llegado. Bella como una rosa, envuelta en el vapor de su vestido, con la cabeza cubierta con ese sombrero de principios del siglo pasado. 
El encuentro, como las otras veces, llega en silencio, sin palabras, estableciendo contacto con las miradas. Se acercan el uno al otro hasta tocarse. El abrazo completo les informa de lo que no tiene forma, de lo cálido, la piel cuenta todo lo que necesitan saber. 
Sin perder ni un segundo, se van a la habitación, aun sin mediar palabra. La habitación está respirando entre ecos de otro tiempo. La cama, con dosel y mosquitero, les llama. 
Antes de que la aritmética estalle, y dos se conviertan en uno, Teresa inicia el ritual establecido; le quita el crucifijo que Juan siempre lleva al cuello, y Juan, con cuidado exquisito, le quita a Teresa la corona de espinas que siempre lleva debajo de su elegante sombrero.

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