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martes, 19 de diciembre de 2017

EL HOMBRE DE HIERRO

El mundo está lleno de superhéroes. 
El otro día, sin ir más lejos, me encontré con el fantástico hombre de hierro. 
Le vi en la terracita de un bar, el que está cerca del ayuntamiento, tomándose una caña. 
Bueno, iba por la cuarta, por lo que lo encontré especialmente comunicativo. 
Es un tipo prodigioso, con un poder demoledor y unas convicciones muy profundas y arraigadas. 
Fíjese, que es capaz de terminar con cualquier problema, pequeño, grande o descomunal, con un simple puñetazo encima de la mesa. Es infalible. 
Sus argumentos son concisos, directos, y no dejan lugar a dudas. Ni a dudas ni a nada. 
Pero no sólo es capaz de usar su poder bruto, sino que también usa la palabra. Me cuenta, sonriendo, que muchos problemas los soluciona con palabras. Y las que más poder tienen son, por orden de poderío: "no", "nunca" y "las cosas no son así". También funciona muy bien "eso es lo que tú te crees".  
El hombre de hierro siempre tiene las cosas claras y nunca tiene dudas. 
Allí, sentado a su lado, me sentí seguro. Porque si yo le caigo bien, da igual que tenga razón o no, él siempre me va a defender. 
Cuando se levantó para irse, pensé en cómo debía sentirse, tan cargado de responsabilidad, tan cargado de razón. 
Y es que sólo el irreductible hombre de hierro puede con todo. 
Y lo mejor de todo es su gran corazón que, paradójicamente, lo tiene de piedra.

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