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lunes, 18 de diciembre de 2017

LA CITA

Nunca he tenido que trabajar, no sé qué es eso, pero tampoco soy de los que gastan por gastar. Vivo solo, no necesito a nadie. Mi vida pasa en una rápida lentitud, llena de vacío existencial. No me duele, no la siento. 
Pero ayer sí sentí un impulso irresistible. 
Me compré un coche de gama alta, un lujo a mi alcance. 
Y hace un momento que acabo de sentir otro. Por eso, aunque eran ya las tantas de la noche, cogí el coche y me lancé a las calles. 
Todo estaba extrañamente vacío, sin gente, sin apenas coches. Y la sensación de tener que llegar a una cita formándose bajo las capas de pensamiento. 
Por eso apenas pensé nada cuando pisé el acelerador y pasé por encima de aquel pobre hombre que, de forma inesperada, se abalanzó con paso rápido hacia el hombrecillo rojo del semáforo del otro lado de la calle. 
Antes del choque, en la última fracción de segundo, pude ver en sus ojos la aceptación del encuentro. 
Ambos fuimos puntuales, aunque sólo yo tuve que dar explicaciones.

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