Desde que cumplió cinco años, Carlos empezó a hacer cosas raras.
A veces se queda quieto, mirando a un punto en el espacio de enfrente. O dice frases que no tienen sentido.
Pero, aparte de eso, es un chico maravilloso. Juega con los demás niños, le gustan los perros y los pájaros.
Hace unos días le vi entrando a su habitación. Le seguí en silencio, y allí, de pie en el centro, comenzó a mover los brazos formando enigmáticas figuras. Sus manos bordaban en el vacío con hilos que sólo él veía. Cuando terminó y salió le pregunté, como sin darle importancia, por su nuevo juego.
No es un juego, me dijo, es que estoy arreglando algunas cosas.
-¿Qué cosas? Insisto.
-Cosas, responde.
Y sigue a lo suyo.
Así cada día desde entonces.
Hoy no me he podido resistir, y he vuelto a indagar.
-Carlos, ¿qué estás arreglando?
-De todo un poco.
-Pues yo no veo nada estropeado.
-¿No? Pero si tú mismo dices a veces que el mundo está muy mal.
-Entonces ¿tú estás arreglando el mundo?
-Yo sólo no, claro, dice sonriendo.
-Te ayuda alguien.
-Sí, otros niños.
Lo hablé con Toñi, mi compañera, pero a ella no le causaba ni curiosidad siquiera. Cosas de niños, dice.
De vez en cuando le pregunto.
-Carlos, ¿cómo van las cosas?
-Son tiempos complicados, responde.
Le doy la razón. Y él sigue con su baile de gestos.
Un día dejó de hacerlo, así, de un día para otro. Me faltó tiempo para preguntarle de nuevo.
-Qué, Carlos, ¿ya has terminado los arreglos?
-¿A ti que te parece?
-Bueno, respondo, aún veo problemas por todos lados.
-Sí, responde con la mirada cansada.
-¿Entonces?
-Yo he terminado mi trabajo. Ahora llegan los nuevos.
-¿Los nuevos?
-Sí, otros niños. Pero ellos están mejor preparados. A casa vendrá uno.
-Vendrá...de visita, imagino...
Sonríe.
-No, tonto, un hermanito.
Abrí desmesuradamente los ojos. Mi compañera no podía tener más hijos. Después de tener a Carlos tuvieron que...
¡Juanjo! ¡Juanjo! Ven...rápido...no te lo vas a creer, vengo del ginecólogo y...
A veces se queda quieto, mirando a un punto en el espacio de enfrente. O dice frases que no tienen sentido.
Pero, aparte de eso, es un chico maravilloso. Juega con los demás niños, le gustan los perros y los pájaros.
Hace unos días le vi entrando a su habitación. Le seguí en silencio, y allí, de pie en el centro, comenzó a mover los brazos formando enigmáticas figuras. Sus manos bordaban en el vacío con hilos que sólo él veía. Cuando terminó y salió le pregunté, como sin darle importancia, por su nuevo juego.
No es un juego, me dijo, es que estoy arreglando algunas cosas.
-¿Qué cosas? Insisto.
-Cosas, responde.
Y sigue a lo suyo.
Así cada día desde entonces.
Hoy no me he podido resistir, y he vuelto a indagar.
-Carlos, ¿qué estás arreglando?
-De todo un poco.
-Pues yo no veo nada estropeado.
-¿No? Pero si tú mismo dices a veces que el mundo está muy mal.
-Entonces ¿tú estás arreglando el mundo?
-Yo sólo no, claro, dice sonriendo.
-Te ayuda alguien.
-Sí, otros niños.
Lo hablé con Toñi, mi compañera, pero a ella no le causaba ni curiosidad siquiera. Cosas de niños, dice.
De vez en cuando le pregunto.
-Carlos, ¿cómo van las cosas?
-Son tiempos complicados, responde.
Le doy la razón. Y él sigue con su baile de gestos.
Un día dejó de hacerlo, así, de un día para otro. Me faltó tiempo para preguntarle de nuevo.
-Qué, Carlos, ¿ya has terminado los arreglos?
-¿A ti que te parece?
-Bueno, respondo, aún veo problemas por todos lados.
-Sí, responde con la mirada cansada.
-¿Entonces?
-Yo he terminado mi trabajo. Ahora llegan los nuevos.
-¿Los nuevos?
-Sí, otros niños. Pero ellos están mejor preparados. A casa vendrá uno.
-Vendrá...de visita, imagino...
Sonríe.
-No, tonto, un hermanito.
Abrí desmesuradamente los ojos. Mi compañera no podía tener más hijos. Después de tener a Carlos tuvieron que...
¡Juanjo! ¡Juanjo! Ven...rápido...no te lo vas a creer, vengo del ginecólogo y...

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