Vistas de página en total

lunes, 11 de diciembre de 2017

POR EL ENIGMÁTICO AGUJERO

Aquello es un infierno: duro, negro, incomprensible. 
Por el enigmático agujero de la izquierda llegan los nuevos, todos con la mirada perdida tratando de saber lo que nadie conoce. 
Los que llegan tienen algo en común, y es que ninguno recuerda nada de su anterior vida; por lo tanto, las preguntas siempre son las mismas: Qué hago aquí, cómo he venido, para qué. 
Y, sobre todo, como salgo de este agobiante encierro. 
El espacio es inabarcable, construido con un duro metal desconocido. 
La gente forma una masa de cuerpos donde mujeres y hombres se funden con el calor de sus propias carnes. 
Nadie piensa, nadie habla, nadie ríe, nadie nunca nada. 
Y sobre sus cabezas está el agujero, a cien metros de altura. 
Pero todos, sin excepción, intuyen que el agujero por donde entra la luz, guarda un secreto. Algunos, desde hace un tiempo, se quedan quietos, mirando. Pero está tan lejos... 
Mirado con perspectiva, aquello es una masa de materia, agitándose en un espacio sin tiempo, donde cada ser comienza y termina, donde las partes mueren, pero el todo es infinito. 
El agujero, la luz, esa sensación indefinida. 
Acaba de llegar un ser extraño. Apenas mira a su alrededor. Está quieto. Los que están a su alrededor le miran. Es tan extraño... Algunos se quedan cerca y le tocan. Después de eso quedan ralentizados. 
Y como una epidemia contagiosa, cada vez son más los que ya no se agitan, ni gritan, ni se retuercen. 
Y así ha pasado el tiempo. 
Hasta que un hoy, el extraño ha levantado su mirada hacia la abertura, antesala de un misterio que nadie entiende. Con él, como la vez anterior, se quedan mirando las gentes de su alrededor. Lo que ocurrió después es pura especulación, pero te diré lo que vi de lejos. 
Se formó una piña apretada a la que todos se fueron sumando, y entonces, el ser extraño, se alzó en hombros de alguien cercano. Y los demás siguieron su ejemplo. 
La piña de hizo grande y la cima fue creciendo. El ruido cedió y se encendió un sólido silencio. Apareció el orden ascendiendo. Pronto no quedó nadie que no formara parte de aquella silenciosa revolución. 
Ya falta poco para que el extraño sea el primero en cruzar hacia el origen de la luz, disipando la materia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario