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viernes, 8 de diciembre de 2017

EL ZUMBIDO

El zumbido. El zumbido. El zumbido. 
Abrí los ojos, despacio, dejando el cuerpo inmovilizado. 
Había desaparecido, y eso era muy extraño. 
Porque el zumbido nos volvió locos, y nadie sabía de donde había llegado, ni cual era su origen. 
Yo tenía diez años, y me tocó en suerte ver como la gente caía al suelo, y ahí quedaban con la mirada perdida. El sonido era constante, en un modo desconocido. Producía vómitos y vértigo. También vacío. Algunos dejaban de hablar y vagaban errantes; los que tenían voz no eran entendidos. 
En menos de un año, las ciudades quedaron llenas de cadáveres. Y algunos, al igual que yo, parecían soportar la sensación de no ser nada. 
Aprendimos a comer cosas que, en las circunstancias, nos hubiesen matado. 
Y siempre el zumbido, el maldito zumbido. 
Pero ahora, eso terminó. Mi cabeza recupera la sensación de estar vivo. Pienso. Ha de haber otros. Hace sol. 
He oído gritos, buena señal. 
Ya no se oye el zumbido. 
El zumbido. 
El maldito zumbido.
Toco mi cuerpo con las dos manos, lo siento mío. Esto se ha terminado. Corre el aire frío y me siento vivo. Me estoy despertando, corre el viento y siento frío. 
Pero ya se acabó el zumbido. 
El zumbido. 
El maldito zumbido. 

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