-Venga, abra la boca, que ya queda poco.
-Ya no tengo hambre.
-Esto se come sin hambre. Tiene que comer, hombre, que se está usté quedando muy flaco.
-No quiero más.
-Cuatro cucharadas.
-Me está entrando angustia.
-Bueno, esperamos un momento.
-No, no, que no quiero más.
-Es que has comido muy poco, y él médico ha dicho que...
-¡Pues que se lo coma el médico!
-Mira que eres maleducado, Alfonso.
-Y más que lo voy a ser si me acercas otra vez la cuchara.
-Venga, dos más.
-¡Y una mierda!
-Pero, Alfonso, qué genio.
-Ni genio, ni hostias. Que he dicho que ya no quiero más, que... ¡Uaagghh!
-¡Ay!, Alfonso, mira cómo te has puesto, todo lleno de vómito
-¡Váyase usté a la mierda!
-Alfonso, cálmese, ya ve usté a qué nos lleva tanto genio. Estese quieto que le limpie. Muy bien, así. Eso está mejor. Y ahora que ya está limpito, abra la boca, que ya le queda poquito...
En la residencia, todos los días parecen el mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario