La hermana le deja entrar, a pesar de las horas, a pesar de la sangre que le corre por sus extrañas manos. O quizás por eso.
No le pregunta nada, pero le apremia.
Esta decisión le puede costar muy caro, si se entera la abadesa.
Ya en su cuarto, le desnuda y lava su extraño cuerpo. Cura la herida de arma blanca.
Nada pregunta, pero se marcha para realizar sus tareas diarias.
Cuando regresa, le prueba uno de los viejos hábitos. Le sienta perfecto.
La hermana está segura de que nadie notará jamás que no es un ser humano.
Esta decisión le puede costar muy caro, si se entera la abadesa.
Ya en su cuarto, le desnuda y lava su extraño cuerpo. Cura la herida de arma blanca.
Nada pregunta, pero se marcha para realizar sus tareas diarias.
Cuando regresa, le prueba uno de los viejos hábitos. Le sienta perfecto.
La hermana está segura de que nadie notará jamás que no es un ser humano.

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