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sábado, 29 de abril de 2017

TARDE DE TRINOS LARGOS

Hacía una tarde preciosa de brisa y pájaros. El bosque sonreía. 
Caperucita, dijo la abuela, ¿recuerdas a tu madre? 
No, abuela, no la recuerdo. 
Bueeeno, ella era..., no sé cómo decirte, un poco... rígida. Tu llegada fue... una sorpresa. Una sorpresa inesperada. ¿Sabes qué quiero decir? 
Sí, abuela. Que no quería tenerme. 
Si te cuento esto es porque ya estás muy crecida. ¿Quieres que siga? 
Sigue, abuela. 
Primero abandonó a tu padre, no lo quería. La verdad es que tu padre tampoco es que fuera una joya. ¡Hay, la vida! 
Murió joven, ¿verdad? 
Sí, querida, a resultas de una pelea. Bebía como un cosaco y le gustaba la juerga. Tu madre le daba buenas palizas cuando llegaba de madrugada, borracho hasta las patas. Y tu madre tampoco les hacía ascos a los leñadores fornidos, que llegaban cada año a llevarse la madera. 
Ella se fue con uno después de morir tu padre, y tú te quedaste conmigo. 
Abuela 
¿Si? 
Tú eres como mi madre. Y también como mi padre. 
Lo sé, no me quedó otra, mi hijita. Pero al final tuviste suerte, porque el bosque te impregnó de misterio y el lobo te impregnará de fuerza y vida. 
Abuela, te quiero. 
Yo también, Caperucita. 
En el bosque hacía una tarde de trinos largos.

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