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viernes, 21 de abril de 2017

ALTA MAGIA

Aquel mago mereció hasta el último de los aplausos que le dimos. Algo extraordinario, digno de ver. 
En el punto álgido de su actuación, invitó a un espectador a subir al escenario. 
Una vez arriba, y hechos todos los preámbulos, se dirigió a él realizando unos pases con las manos. 
Primero hizo que le desapareciese un prejuicio, luego le escamoteó toda su esperanza. 
Gran aplauso.  Nuestro asombro no tenía límites. 
Acto seguido le derribó tres certezas y, para terminar, en pleno apoteosis, le cambió su percepción de que la vida no tenía sentido. 
Éxito avasallador.

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