
La muerte entró y se sentó en una silla esperando. A pesar de que estaba enfermo, con agudos dolores, a pesar de una vida vacía, inane y estéril, cuando despertó y la vio allí sentada, se puso a gritarle con exagerados aspavientos. Le pidió que le dejara vivir unos años más. La muerte tuvo un gesto con él y, dando media vuelta, se fue a su gloria, dejando al hombre en su infierno.
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