Ella comenzó a preguntarse cosas,
cosas que no le contaba su marido. Ella sospechaba que existían otras palabras,
otros caminos.
Ella
sintió deseos de sumergirse en aguas de mar. Ella quería volar sobre sus
sueños.
Su
marido la miró sin decir nada. Ella se fue a la cama y soñó su sueño.
Por
la mañana se encontró en la mesilla un regalo de su marido.
Ella
rompió el envoltorio, luego abrió el libro.
Así,
lentamente, comenzó a leer la historia de Ícaro.
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