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domingo, 2 de abril de 2017

EL SUICIDA EMPEDERNIDO

Lo que ocurrió me pilló desprevenido, y me dejó tan vacío que deseé morir. Pero no tenía valor para hacerlo yo mismo, por eso me alisté en aquel conflicto. Así sería más fácil, un instante, un crujido, un suspiro. Al poco tiempo ya me conocían como "el suicida empedernido". Pero yo seguía sin encontrar lo que tanto ansiaba. Pasó el tiempo y ya me estaba cansando la espera, así que un día, me fui directo al enemigo. Escogí a cualquiera y, con paso decidido, me fui acercando. Tiré mi fusil y me planté a su lado. Me miró con una sonrisa y me dijo con voz bella que mi hora aún no había llegado.

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