Juro que lo que cuento es verdad, lo juro por lo que tú quieras, créeme, por dios, créeme. Soy alpinista, y aquel día dejó de funcionar el teléfono y la brújula. Me perdí. Anduve durante horas por parajes intransitables. Y cuando ya empezaba a perder la esperanza, sin fuerzas y sin comida, llegué a un lugar extraño. El espacio se curvó transformado en una geometría absurda, y en su centro estaban ellos. Ella hacía un gesto con la mano lanzando una luz había el cielo. Entonces aparecía una estrella. Él estiraba su brazo mientras recogía algo en su mano, la cerraba y la atraía hacía su pecho. Yo vi como una luz venía de lejos, al tiempo que una estrella desaparecía.
Durante un segundo volvieron juntos la mirada hacia la mía, sonrieron y, al momento, yo mismo pasé a formar parte de su absurda geometría.

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