Toda una vida de desencuentros, de
dolor y de inercias, se dieron cita en este trágico momento. Mi padre apenas se
movía en esa cama que, desde hacía un tiempo, era su casa. A pesar de todo lo pasado quise estar a su lado en estos
momentos tan inevitables y definitivos.
Nuestras miradas apenas perdían el
contacto, pero yo seguía sin entender para qué había venido. No nos habíamos
querido nunca. Ahora tampoco. La muerte llegaba y yo me quería ir,
pero por suerte, un instante antes de morir, de sus ojos afloró una lágrima que
arrancó otra mía. Y en ese cruce hubo un desgarro que
arrancó con violencia aquella cosa negra que tenía secuestrado mi corazón. Y
también el suyo. La siguiente mirada antes de morir
fue amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario