Ella
fue concebida sin ganas, en una torpe noche de ojos cerrados.
Sus
padres la miraron al nacer como si fuese un cachorro de gato. A ellos no les
gustaban los gatos.
Creció
indiferente, con lo justo para ir tirando. No es que la odiaran, no. Es que no
la amaban.
Y
ella, cuando cumplió siete años, pidió por primera vez en su vida. -"quiero
ir a la feria", dijo.
Y
por primera vez en sus vidas, ellos la escucharon.
En
mitad del estruendo, ella señaló con el dedo aquella noria gigante que rozaba
el suelo. Se miraron por un momento, como diciendo...
Le
compraron el billete y la subieron. Ella les miró y les dejó una sonrisa
cautivadora.
Y
subió, subió, subió, cada vez más alto, cada vez más lejos.
Y
ya no bajó.
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