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viernes, 7 de abril de 2017

HIJO

Mi padre estaba en las últimas, iba a morir de viejo en su cama y, cuando me lo comunicaron, hice la maleta y me fui a su lado. Nunca obtuve de él muestra alguna de cariño, nunca me besó o abrazó. Me pegaba por cualquier cosa, pero nunca lo odié. Es más, había venido con la esperanza de encontrar una brizna de amor o arrepentimiento o, en su defecto, una ínfima muestra de... Indiferencia. Y allí estaba yo, a su lado. Justo un minuto antes de morir le cogí la mano. Al sentir el contacto giró levemente su cabeza, abrió los ojos y me miró. Me puse alerta, movió los labios y le vi hacer un gran esfuerzo por hablar. Emocionado ante la posibilidad de oir de sus labios alguna palabra que cancelara toda una vida de dolor y ausencia, acerqué el oído. “Hiiiihhhoo... Hiiho...hijo...” Se me saltó una lágrima, profundamente emocionado. Era la primera vez en mi vida que oía eso de su boca. Hijo, había dicho hijo. El seguía mascullando. Apliqué el oído espectante. Y justo antes de morir oí que decía claramente: “hijo, hijo de puta”.

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