Escuche, hombre, lo que le digo. Soy un gran amante de la música, un melómano consumado.
Qué digo consumado... ¡Empedernido! Señor, quiero decirle que ya de niño andaba por ahí tocando guitarras y laudes, afinando el oído.
Escuche lo que le digo, señor, que lo que más me gusta en el mundo es tomarme una copa de vino mientras escucho a la orquesta tocar boleros.
Si es en buena compañía, mejor.
Esta mañana, sin ir más lejos, y es por lo que le cuento esto, llegó ese muchacho con su violín.
Y no es que desafinara un poco, no. Es que tocaba de pena.
Y dale que te dale con su raca raca.
Y mira que se lo dije con buenas palabras. ¡Nene, deja eso! Escuche, señor, le digo que era insufrible, me puso los nervios de punta.
Y yo, que no me había tomado la pastilla. ¡Déjalo ya, mocoso!, ¡que se callen esos chirridos. Oiga, señor, le digo que me taladró el cerebro, que era su vida o la mía, señor policía.
Qué digo consumado... ¡Empedernido! Señor, quiero decirle que ya de niño andaba por ahí tocando guitarras y laudes, afinando el oído.
Escuche lo que le digo, señor, que lo que más me gusta en el mundo es tomarme una copa de vino mientras escucho a la orquesta tocar boleros.
Si es en buena compañía, mejor.
Esta mañana, sin ir más lejos, y es por lo que le cuento esto, llegó ese muchacho con su violín.
Y no es que desafinara un poco, no. Es que tocaba de pena.
Y dale que te dale con su raca raca.
Y mira que se lo dije con buenas palabras. ¡Nene, deja eso! Escuche, señor, le digo que era insufrible, me puso los nervios de punta.
Y yo, que no me había tomado la pastilla. ¡Déjalo ya, mocoso!, ¡que se callen esos chirridos. Oiga, señor, le digo que me taladró el cerebro, que era su vida o la mía, señor policía.

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