Él quería una chica para pasar la noche. Echándole un polvo, claro.
Ella quería cerrar, siquiera por una noche, el agujero sin fondo que le producía su soledad.
Por eso, cuando llegaron a la cama, ella se encogió como un feto, y él, visiblemente contrariado, la apartó de su lado, se vistió y la dejó llorando.
Ella quería cerrar, siquiera por una noche, el agujero sin fondo que le producía su soledad.
Por eso, cuando llegaron a la cama, ella se encogió como un feto, y él, visiblemente contrariado, la apartó de su lado, se vistió y la dejó llorando.

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