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domingo, 30 de abril de 2017

UNA MUJER PECULIAR

Adelina es una mujer peculiar. Era ya joven cuando se afeitó las cejas y, a partir de entonces, se las pintaba con un lápiz. Al hacerse mayor se le quitaron las ganas de seguírselas pintando, pero el pelo de sus cejas ya no salió más.
 Adelina era una mujer peculiar. Ya de joven decidió no vivir su vida, y, en vez de la suya, se pintó otra.
 Un día se hizo mayor y se cansó de aquel teatro, pero ya no pudo encontrar su propia historia. Ahora se sienta en la mecedora, al lado de su ventana, y pinta con la mirada los vaivenes de la gente.

sábado, 29 de abril de 2017

EL RACA RACA

Escuche, hombre, lo que le digo. Soy un gran amante de la música, un melómano consumado. 
Qué digo consumado... ¡Empedernido! Señor, quiero decirle que ya de niño andaba por ahí tocando guitarras y laudes, afinando el oído. 
 Escuche lo que le digo, señor, que lo que más me gusta en el mundo es tomarme una copa de vino mientras escucho a la orquesta tocar boleros. 
Si es en buena compañía, mejor. 
 Esta mañana, sin ir más lejos, y es por lo que le cuento esto, llegó ese muchacho con su violín. 
 Y no es que desafinara un poco, no. Es que tocaba de pena. 
 Y dale que te dale con su raca raca. 
Y mira que se lo dije con buenas palabras. ¡Nene, deja eso! Escuche, señor, le digo que era insufrible, me puso los nervios de punta. 
Y yo, que no me había tomado la pastilla. ¡Déjalo ya, mocoso!, ¡que se callen esos chirridos. Oiga, señor, le digo que me taladró el cerebro, que era su vida o la mía, señor policía.

TARDE DE TRINOS LARGOS

Hacía una tarde preciosa de brisa y pájaros. El bosque sonreía. 
Caperucita, dijo la abuela, ¿recuerdas a tu madre? 
No, abuela, no la recuerdo. 
Bueeeno, ella era..., no sé cómo decirte, un poco... rígida. Tu llegada fue... una sorpresa. Una sorpresa inesperada. ¿Sabes qué quiero decir? 
Sí, abuela. Que no quería tenerme. 
Si te cuento esto es porque ya estás muy crecida. ¿Quieres que siga? 
Sigue, abuela. 
Primero abandonó a tu padre, no lo quería. La verdad es que tu padre tampoco es que fuera una joya. ¡Hay, la vida! 
Murió joven, ¿verdad? 
Sí, querida, a resultas de una pelea. Bebía como un cosaco y le gustaba la juerga. Tu madre le daba buenas palizas cuando llegaba de madrugada, borracho hasta las patas. Y tu madre tampoco les hacía ascos a los leñadores fornidos, que llegaban cada año a llevarse la madera. 
Ella se fue con uno después de morir tu padre, y tú te quedaste conmigo. 
Abuela 
¿Si? 
Tú eres como mi madre. Y también como mi padre. 
Lo sé, no me quedó otra, mi hijita. Pero al final tuviste suerte, porque el bosque te impregnó de misterio y el lobo te impregnará de fuerza y vida. 
Abuela, te quiero. 
Yo también, Caperucita. 
En el bosque hacía una tarde de trinos largos.

EL NUEVO GUARDÉS

            El cazador hacía su ruta diaria de forma ordenada, observando cada rincón e intentando descubrir indicios de que algo estaba fuera de lugar.
            Buscaba y examinaba huellas, oía atentamente los sonidos del bosque, de sus habitantes. Especialmente prestaba atención a todo lo que le pudiese poner en la pista del lobo. Su batalla personal era matarlo.
            Ese lobo encarnaba el Mal, y él mismo era el brazo que dios había enviado para hacerlo desaparecer.
            Conocía a los otros cazadores, a los leñadores y, en general  a toda persona que tuviera algún interés en andar por los infinitos vericuetos del bosque.
Imagen relacionada            Y, por supuesto, sabía quién era la abuela.
            Al poco tiempo de llegar al bosque fue a visitarla.
                        -Buenos días, abuela.
                        -Buenos días. Dígame qué se le ofrece.
                        -Soy el nuevo guardés. ¿Todo bien por aquí?
                        -Oh, sí. Todo esto es muy tranquilo.
                        -Pues me han dicho que hay un lobo que ronda por aquí cerca.
                        -¿Un lobo, dice? Yo nunca lo he visto.
                        -Bueno, pues no se fíe, abuela, que los lobos mejor muertos. Tenga             cuidado, y si lo ve, avise, que yo daré cuenta de él.
                        -Así lo haré. Adiós.
                        -Hasta luego.
                        -El bosque contiene en su interior muchos misterios.
            Lobos con corazón noble.

            Cazadores de corazón sangriento.

viernes, 28 de abril de 2017

LA ABUELITA Y EL LOBO

-Buenas tardes, abuelita. 
 -Pasa, lobo, pasa y siéntate. Creí que ya no vendrías esta tarde. 
 -Bueno, me he entretenido cazando este conejo para ti. -Tu siempre tan amable. Pareces un poco serio. 
 -No traigo buenas noticias. 
 -No me asustes. 
 -¿A ti quien puede asustarte? 
 -Tú dirás. 
 -Ha llegado el nuevo. 
 -¿Y qué se sabe? 
 -Nada bueno. Tiene el gatillo fácil. 
 -¡Vaya!, pues sí que lo siento. 
 -Y yo, abuelita, y yo. 
 -No sé qué podemos hacer. 
 -Ya se me ocurrirá algo. 
 -No, lobo, no, que te vas a crear mala fama y, antes o después, querrán acabar contigo. 
 -Si se te ocurre algo mejor... 
 -Yo ya estoy vieja..., no quiero que te expongas más. Toma tu tecito. 
 -Gracias, abuela. Sin ti este bosque no sería el mismo.
 -La abuela se acerca despacio y le rasca la cabeza. 
 -Lobo... -Que... 
 -Te quiero... 
 -Abuelita, yo también. 

 Dos kilómetros más allá, el nuevo cazador limpia su escopeta. Se está leyendo los puntos del reglamento y se dispone a dar su primera ronda por el viejo bosque.

NÓMADAS

Nómadas, siluetas que viajan a lomos del horizonte.
            Nómada es la cigüeña que busca su nido,
            Nómadas nuestras miradas, aguas de río.
Resultado de imagen de Desierto
            Nómada es nuestra vida tras otro sino, siempre cambiante.
            Nómadas son nuestros hijos, que viajan hasta descubrir su centro.
            Nómadas son las sombras que nos persiguen y los sufrimientos, que vagan incesantes buscando heridas.
            También la muerte, que nunca descansa en un sitio.

            Y Nómada es el viento que aviva tu corazón con el mío. 

jueves, 27 de abril de 2017

REALISMO

            Cuando se le cayó el diente le dijeron lo del ratoncito Pérez.
            Nació su hermanita y le dijeron que la había traído la cigüeña.
            Lloró y le dijeron que eso era cosa de mujeres.
            Su hermana tuvo la menstruación y le dijeron que había venido la tía de América.
            Para asustarlo le dijeron que se lo llevaría el hombre del saco.
            Para navidad le dijeron que vendría Papá Noel.

            De mayor siempre, siempre le decían… que tenía que ser realista.

LA HISTORIA DE ÍCARO

Ella comenzó a preguntarse cosas, cosas que no le contaba su marido. Ella sospechaba que existían otras palabras, otros caminos.
            Ella sintió deseos de sumergirse en aguas de mar. Ella quería volar sobre sus sueños.
            Una tarde de otoño, después de cenar, se sentó a su lado y allí le habló, queriendo hacerle comprender cuánto ansiaba volar el vuelo.
            Su marido la miró sin decir nada. Ella se fue a la cama y soñó su sueño.
            Por la mañana se encontró en la mesilla un regalo de su marido.
            Ella rompió el envoltorio, luego abrió el libro.

            Así, lentamente, comenzó a leer la historia de Ícaro. 

LA NORIA

            Ella fue concebida sin ganas, en una torpe noche de ojos cerrados.
            Sus padres la miraron al nacer como si fuese un cachorro de gato. A ellos no les gustaban los gatos.
            Creció indiferente, con lo justo para ir tirando. No es que la odiaran, no. Es que no la amaban.
            Y ella, cuando cumplió siete años, pidió por primera vez en su vida. -"quiero ir a la feria", dijo.
            Y por primera vez en sus vidas, ellos la escucharon.
            En mitad del estruendo, ella señaló con el dedo aquella noria gigante que rozaba el suelo. Se miraron por un momento, como diciendo...
            Le compraron el billete y la subieron. Ella les miró y les dejó una sonrisa cautivadora.
            Y subió, subió, subió, cada vez más alto, cada vez más lejos.
            Y ya no bajó.

miércoles, 26 de abril de 2017

EL CAZADOR


Fue el primero de su promoción.
            Ya de pequeño se le daba la caza de todo tipo de bichos, pájaros, lagartos, salamandras...
            Eligió un destino difícil, un bosque perdido entre montañas de difícil acceso.
            El pueblo más cercano quedaba lejos. A veces se acercaba a llevarle al alcalde unos conejos, algún ave recién cazada, y así se ganaba sus favores y los de su hija.
            Pero su obsesión era dar caza al lobo.
            No es que fuese un problema, era que pensaba que el bosque estaba mejor sin su presencia.
            A veces seguía sus huellas durante días enteros, y cuando creía tenerlo a tiro..., desaparecía. Alguna vez hasta sintió miedo, cosa que no lo detuvo, sino que sirvió para dar nuevo brío a su tarea.
            Un día, cuando encontró sus huellas, observó que cojeaba; una de las huellas se veía desdibujada. Llegó el día, pensó. Y se lanzó tras la pista con evidente excitación.
            ¡Vaya!, se dirigía hacia la casa de la abuela. Estaba herido, no podía cazar y la abuela ya estaba vieja...
            Al entender la situación echó a correr. No le importaba tanto la abuela como matar al lobo. Sí, este cazador era más despiadado que el animal que iba a matar.
            Cogió un atajo y se apostó a unos metros delante de la casa de la abuela, detrás de un árbol.
            No pasó mucho tiempo cuando el lobo llegó renqueando. Se lanzó sobre la vieja puerta y esta se abrió.
            El cazador se lanzó tras él, traspasó la puerta con el arma preparada para disparar.
            Pero fue el lobo el que se le abalanzó, y de un bocado certero en el cuello lo dejó muerto en el suelo.
            ¡Vamos, vete! Dijo la abuela saliendo de su habitación. Y llévatelo lejos.
            El lobo sabÍa muchas cosas por viejo. Aprendió a llevarse un cuerpo y borrar el rastro. Simular una cojera.

            Y agradecer con su amistad a quien lo mereciera. 

LA PROMESA

Resultado de imagen de ABUELITA Y CAPERUCITA ROJA
            Caperucita, recién cumplidos los diecisiete, lucía realmente hermosa. Ya no era aquella niña del cuento, tan inocente, tan flor silvestre.
            Hacía mucho tiempo que no volvía al bosque, desde que su abuela....
            Ahora, el corazón le latía con fuerza. Sabía que se encontraría otra vez con el lobo y eso le provocó una suave excitación.
            Allí estaba, asando un conejo despellejado sobre una lumbre. Caminó despacio, con extrema precaución hasta colocarse justo a su espalda. Antes de que le tapase los ojos, el lobo ya la había olido.
Se dio la vuelta y, al verla, rio con la misma energía y franqueza que ella recordaba.
            Se les iluminó la cara y se sentaron el uno junto al otro.
            Hablaron largo y tendido de muchas cosas: del olor que emana del bosque en esta estación, de las bandadas de pájaros, del paso del tiempo, de la promesa...
            La promesa que se hicieron.
            Sus ojos se encontraron, encendidos y risueños, enamorados.
            Luego se abrazaron como se abraza la leña al fuego.
            Después de un rato, ella volvió de ese cielo, se quitó su caperuza muy lento, sus zapatos, su falda roja.
            El lobo la miraba incrédulo. Quiso detenerla. "la promesa", dijo, "aún falta un año".
            Pero Caperuza no hizo caso, y ya desnuda, hizo el amor con su Lobo, el lobo de su corazón.
            Se vistió, y antes de irse le contó. Que todo se mueve en el mundo, en la naturaleza. Se mueven los pájaros, se mueve el viento, se mueve el corazón de los amantes. Y también se mueven las promesas.
            Así pasaron el resto de la tarde. Luego ella se levantó.
            "Adiós, mi lobo, adiós". "Y recuerda la promesa."
            "No se me olvida."
            "Hasta el año que viene".

            "Aquí estaré, Caperucita". 

EL ESCRITOR ESCRITO

          
  El escritor se acercó a la mesa de aquel café, donde se sentaba siempre.
            Y allí parapetado, escudriñaba a las gentes, esperando que alguna escena, alguna palabra o algún gesto, le sirviera para armar una nueva historia.
            Aquel día fue diferente, pues sintió en la nuca una lógica inversa.
            Recorrió con la mirada el espacio, pero no encontró nada. Se levantó levemente alarmado buscando el origen de su vaga sensación, pero nada encontró.
            Y esa nada lo inundó de tal manera que, nervioso, se levantó de la silla, pagó y dejó el local a toda prisa.
            Ya en su casa, a salvo de la incomodidad, supo que alguien, parapetado en la sombra, estuvo escribiendo su historia.

martes, 25 de abril de 2017

AVE DEL PARAÍSO

   Ave del paraíso - Riego         Para eso llegó su ave, para eso. Por la mar, para amarle.
            Para eso llegó suave al paraíso, para y sopla el suave viento. Bien todo lo que el viento sabe. Y lo que acá ve se lo lleva el tiempo a tiempo de citar lo que aquí al oído recito.
            Que he fraguado tu beso, y aguado tuve eso, al lado del pájaro, del pájaro alado. A la docena de gentes de mar que amando doman su afán.

            Y aquí están, navegando en la suavidad tras el ave del paraíso.

DESLIZ

No recuerdo de forma precisa cuando lo sentí, pero a partir de ese día siempre estuvo ahí. 
Al principio fue una sensación; luego, algo tangible. Mi marido era otro. Otro diferente al que conocí. Algo en la mirada, en su forma de recibirme al llegar cansada del trabajo. 
Se espaciaron los abrazos, los pequeños gestos cotidianos. Se le olvidó mi cumpleaños. 
Y me seguía queriendo, no lo dudo, como yo le seguía queriendo. 
Pero empecé a sentirlo como si se fuese deslizando por mi piel, como una gota de miel, lentamente, sin sentir, como la manecilla de las horas cuando la miras, imperceptible y sutil, como la luz menguante de los días cuando llega el invierno. 
Las manos frías, los pasos lentos, los ojos tristes. 
Sin darme cuenta yo también comencé a moverme como un caracol a la búsqueda de calor. 
Así hasta que un día...

lunes, 24 de abril de 2017

LA VIEJA DE LOS GATOS

La mujer debía estar más cerca de los ochenta que de los setenta. Por la pinta que llevaba, seguro que cobraba la pensión mínima, y su casa tenía la misma pinta que ella; vieja, pobre, sucia, descascarillada y olvidada. 
 Hoy se levantó de la cama con dolores hasta en la memoria. 
Su hijo no venía a verla desde hace..., desde hace... Qué sé yo el tiempo. 
 Mientras ponía el puchero llenó la bolsa de plástico con los restos de ayer. 
Y, como todos los días, salió de la casa y se fue donde los gatos. Ellos ya la estaban esperando. Se acercaron maullando mientras se frotaban entre sus piernas. Ella les hablaba con voz dulce y serena. Les dejó la comida en el suelo, y fue al darse la vuelta para volver a casa que se encontró al policía. 
 ¡Vaya! Otra vez por aquí. ¿Qué le dije el otro día? Señora, me está obligando aunque yo no quiero. Es que usted no me hace caso. Yo sólo cumplo con mi obligación. Lo que hace no está bien. Fíjese, lo deja todo perdido. Basura en la calle. Infracción. Escarmiento. Vergüenza debería darle. Multa de cien euros. Y la próxima vez... 
 Cuando terminó la escena, cada uno se retiró pensando haber cumplido con su deber.

domingo, 23 de abril de 2017

MISERIA

No veía bien, el médico le dijo que tenía cataratas, a ella que no tenía nada. 
 Pidió a un señor que pasaba por ahí, que le leyera la carta que había recibido. Le quitaban la pensión que aún cobraba del marido que ya murió.
 Ahora sí que se había puesto la cosa seria. 
 Hizo un repaso por su memoria, pero no encontró a nadie a quien acudir. 
Hace tiempo le vino a ver una señora del ayuntamiento, pero no había vuelto. 
Ningún vecino la conocía. No le quedaban amigas de cuando aún era vieja. 
 Se hizo de noche, y con la carta en la mano, se fue a la cocina. 
 Llorando cerró la puerta. Llorando abrió el gas de la cocina. Llorando comprobó, llorando, que no quedaba gas en la botella. ¡¡Esto ya era el colmo!! 
 Entonces le dio un ataque y, desinflada, quedó llorando en el suelo.
Llorando de risa, triste óxido nitroso.