Adelina es una mujer peculiar. Era ya joven cuando se afeitó las cejas y, a partir de entonces, se las pintaba con un lápiz.
Al hacerse mayor se le quitaron las ganas de seguírselas pintando, pero el pelo de sus cejas ya no salió más.
Adelina era una mujer peculiar. Ya de joven decidió no vivir su vida, y, en vez de la suya, se pintó otra.
Un día se hizo mayor y se cansó de aquel teatro, pero ya no pudo encontrar su propia historia. Ahora se sienta en la mecedora, al lado de su ventana, y pinta con la mirada los vaivenes de la gente.
Adelina era una mujer peculiar. Ya de joven decidió no vivir su vida, y, en vez de la suya, se pintó otra.
Un día se hizo mayor y se cansó de aquel teatro, pero ya no pudo encontrar su propia historia. Ahora se sienta en la mecedora, al lado de su ventana, y pinta con la mirada los vaivenes de la gente.











