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jueves, 3 de mayo de 2018

DEMASIADO SOL


Se levantó antes del alba con la cabeza llena de dudas y el corazón desarmado.
Y confuso, pues aunque su decisión era firme, no estaba completamente seguro de su naturaleza y finalidad.
Guardó un poco de pan y queso en las alforjas, arregló a su fiel Rocinante y partió hacia la línea del prometedor horizonte.
Durante toda la mañana cabalgó, somnoliento y soñador, por la llanura.
 bastaron aquellas pocas horas, con aquel sol vengativo destrozándole el cráneo, para que se lo pensara de nuevo.
No, La Mancha no quemará su sueño. Mejor, pensó, me voy a Galicia.

LA INVITACIÓN


El mesón está lleno de viajeros, y a su vez, algunos lugareños les merodean buscando la oportunidad de sonsacarles algún doblón. O de llenar la panza.
En la mesa pequeña, esa del fondo, se encuentran el señor D. Quijote y su fiel escudero, dando cuenta de una copiosa sopa de ajo.
Apenas se han fijado en la pareja de rufianes que les preparan una broma bien pesada.
Tampoco sospechan nada cuando la mesonera invita a D. Quijote a un poco de vino de parte de un misterioso caballero.
Y sin perder tiempo, nuestros amigos siguen su camino, seguidos de lejos por los dos pillos.
En menos de una hora pasarán cerca de los molinos, justo cuando el cornezuelo ya esté haciendo su efecto.

miércoles, 2 de mayo de 2018

LA BÚSQUEDA


No le importa salir a la calle en pleno día. Y eso que se expone a ser descubierta en cualquier momento.
Basta un pequeño descuido, unos centímetros mal calculados y, ¡zas!, quedaría en completo desamparo.
Y no le importa exponerse porque necesita un cuerpo. No uno cualquiera, no, sino uno de su tamaño. Y no uno de su tamaño solamente, sino de su tamaño exacto.
Entonces, ahí está cada día, buscando.
Según los ve, ya se hace una idea de si le viene grande o chico.
Tan sólo se arriesga a probarse cuerpos que pueden encajar.
Bueno, ella no sabe aún que su tarea es inabarcable, que existen más de siete mil millones de personas y que sólo hay una que le aceptará, que estará perfectamente hecha para una sombra como ella.
Y eso que su cuerpo también le está buscando.

AMANTES


Los dos maduros amantes se acarician como si no hubiese mañana.
El mundo desaparece tras esas miradas penetrantes, forjando tórridos deseos sin apenas tocarse.
Por su edad, por sus gestos, adivinamos un pasado pleno de vivencias en el límite de lo humano, cúspides nunca alcanzadas en esta tierra.
Apenas nos damos cuenta que, tras la pantalla, al acabar esos treinta segundos, nos están vendiendo un seguro de vida.

LOS LÍMITES DE SU SEXUALIDAD


Gerardo quiere explorar a fondo los límites de su sexualidad.
En el último mes ha tenido una sesión de cuero y otra con otro hombre.
Y hoy tiene una cita especial. Cuando llega, ella le está esperando vestida de novicia.
Gerardo, dos horas después, se da por satisfecho con la nueva experiencia.
La chica lo despide con cierta prisa después de cobrar. Quiere llegar, con tiempo suficiente, al convento para la misa de nueve.

UNA GLORIA INESPERADA


En ese momento, Sancho tuvo un presentimiento. Algo no andaba bien.
Su señor le precedía como punta de lanza que busca clavarse en sí misma.
El ambiente quedó congelado en un raro silencio. O puede que el silencio sólo ocurriera en su cabeza. Cuando vio los molinos asomar por la colina, Sancho sintió un agudo malestar que se extendió por todo su cuerpo.
Entonces, sucedió.
Don Quijote se puso a vocear como un loco, diciendo que la molinos eran gigantes.
Sancho , a su vez, le gritaba a su señor que no, no eran gigantes sino molinos.
En aquel momento de gran desorden y confusión, Don Quijote dio la vuelta hacia su escudero, y tal era la expresión de miedo de su cara y sus gritos, que Sancho entró en el mismo pánico que su señor. La delirante escena creció hasta tal punto que, por un momento, él también creyó ver que los molinos eran monstruosos gigantes.
Así que no le quedó otro remedio que quitarle la lanza a su señor y lanzarse, con su jumento, al encuentro de una gloria inesperada.

AMOR VERDADERO


Elena es una mujer de las de antes, de misa diaria, de recato y rectitud. Acaba de conocer a Elías en en una reunión parroquial. El flechazo ha sido mutuo e instantáneo. Los dos coinciden en las bases; boda, hijos, religión.
Han pasado dos años y, aunque ya tienen fecha para la boda, Elías aún no le ha contado a Elena que su pene mide cuarenta y dos centímetros.

ES IMPERATIVO


El joven aspirante a escritor decide probar fortuna con un relatín. Piensa que será una buena forma de tantear su talento. Abre la libreta que ha comprado y comienza a imagínar posibles hilos. El día que... Permítame que... Si pudieses... Sus maneras... Por aquel entonces... La mirada... Un relámpago... Y no, no se decide. Siempre le parece que habrá un principio mejor. El joven quiere estar seguro de cada palabra que escriba. Sabe que en un relatín, hasta una coma puede ser decisiva. Ya lleva varios días con el papel en blanco. Está enfadado. Por fin, aquella mañana, encuentra un comienzo estimulante. "Es imperativo..." Sí, ese es un buen comienzo. De hecho se da cuenta de que esas dos palabras reflejan exactamente su propia condición. Para él mismo, también es imperativo empezar. Y vaya si tiene éxito. Porque una vez plasmada esta entrada, las palabras se vierten en el papel a la velocidad de la luz. Cuando el incipiente escritor de relatines despierta de su inesperado trance, se encuentra un manuscrito que da forma a una saga de treinta y siete volúmenes. Lo del relatín, piensa, queda pendiente.

CRISIS


El escritor de relatines lleva varios días sin encontrar idea alguna.
Se da cuenta de que no logra dejar de lado el incesante run run de su diálogo interno.
Y tampoco el externo.
El mundo entero se revela como un obstáculo insalvable, tan denso, tan verborreico.
Entonces decide llevar a cabo un plan drástico.
Del fondo de su armario saca su pequeño tanga amarillo y se pone las gafas negras.
Las calles del centro de Madrid están abarrotadas.

jueves, 26 de abril de 2018

EL ESCLAVO


Allí, en la plantación de algodón, el esclavo cuenta las horas como si fuesen años. Su vida no es vida, el sufrimiento es el alimento diario. Todos los días son el mismo día desquiciado, allí, rodeado del dolor de espaldas laceradas y continuas humillaciones.
Y ya no aguanta más. Lo ha decidido.
Esta noche, después del toque de queda, dejará el látigo y se irá de allí.

lunes, 23 de abril de 2018

LOCO, PERO NO TANTO.


Don Quijote estaba loco, pero no demasiado. Apenas había iniciado su andadura por el mundo cuando se dio cuenta de la diferencia entre leer historias de caballería y vivir esas mismas historias en carne y hueso. Leyendo novelas no sentía hambre ni frío, ni las duras jornadas montado en un caballo, viejo y flaco.
Si no fuese porque Sancho le acompaña, seguro que se habría vuelto a casa decepcionado. En eso pensaba cuando llegaron a los molinos.
Hubiese dado cinco años de su vida porque esos molinos, tan viejos y desvencijados, fuesen en realidad unos monstruosos gigantes, como los que mostraban sus libros de caballerías.
Pero no, la vida real era triste y simple como su misma vida.
Entonces, sin apenas pensamiento, se encendió la chispa en su cabeza.
Espoleó a su caballo y se lanzó, gritando como un energúmeno, contra aquellos gigantescos y monstruosos molinos de viento.

¡VENGA, ARREMETE!


Don Quijote duda. Se siente ridículo allí, sentado sobre lo que más parece la sombra de un caballo, con una lanza que no sabe manejar.
Sancho le observa con la mirada dura mientras le increpa: ¡vamos, hombre! Que son molinos... Sí, ya lo sé, le grita D. Quijote, pero ¡mira qué aspas!
Sancho Panza ya está cansado de aguantar a ese fantoche, pero sigue escribiendo cada noche lo que es, claramente, una exageración de cada tontería que les ocurre a diario.
Entonces, los molinos serán gigantes... ¡Qué aburrimiento!.
Pero no le queda más remedio que seguir con el cuento. Total, no hay otra cosa qué hacer.
Pero, vamos, que en cualquier momento se queda por ahí, tirado en una posada, borracho y tan perdido como él mismo.
Hace calor, y la vista se pierde en el horizonte.
Sancho le grita: ¡Venga, arremete! Que se está haciendo de noche. Pero D. Quijote se lo está pensando... 
Mejor estaría yaciendo con su amor, Dulcinea, en vez de seguir con este loco.

domingo, 15 de abril de 2018

D. QUIJOTE, EL ESCRITOR


Alonso Quijano pasa sus días agobiado por el lento discurrir del tiempo. No halla nada en lo que pueda usar su alocada imaginación, y el pueblo le atenaza con su terca simpleza. Se aburre, eso es lo que le pasa. Tan sólo la joven Dulcinea es capaz de levantarle el ánimo, aunque aún no ha sido correspondido. Y por la pinta que tiene este asunto, la cosa va para rato. Para colmo, Sancho, su único amigo, siempre se encuentra enfrascado en tareas del campo. Y, además, no es alguien que le dé la réplica intelectual que necesita. Así que, un buen día, Alonso decide escribir una novela sobre un hombre inquieto, como él mismo. Así es como escribe su, mundialmente famosa, novela sobre un hombre, Don Miguel de Cervantes Saavedra, que nace en Alcalá de Henares, que huye a Italia por haber herido a un hombre, que se alista y lucha en la batalla de Lepanto, y que es apresado y encarcelado en Argel. A pesar del éxito obtenido con la novela, malvivió durante toda su vida, aún con la ocasional ayuda de algunos mecenas de la nobleza.

LA EXCEPCIÓN


Diego deambula por las calles de su pueblo alfombrando las calles con sus improperios. Dicen que está loco, y tiene toda la pinta. Habla por lo bajini todo el tiempo, y de vez en cuando, grita esas cosas para mayores de dieciocho años. En su cháchara obscena se acuerda de todos los estratos sagrados que conforman el imaginario cristiano; son mencionados los santos, las monjas, papas, curas, ángeles y arcángeles. Las familias con hijos prefieren cambiar de acera, ya que no pueden cambiar de pueblo. Pero un día al año, Diego parece curado. Se levanta temprano, se arregla y se dirige a la iglesia. Reza, se confiesa y comulga como cualquiera. Ese día no dice ni pio. Pero a la mañana siguiente, después del descanso, vuelve a recorrer las calles de ese pueblo olvidado por dios y por el diablo, con el ánimo renovado y la boca repleta de disparos.

domingo, 4 de marzo de 2018

PAJARICO


Y mira, qué belleza, la de este pajarico que se acerca. Pero mira qué salticos va dando por el suelo mientras picotea entre las piedras.
Tiene hambre, sí, es invierno. Pero tiene más hambre que frío, ya te digo. Y si pudiera, cambiaría toda su elegancia por algo que echarse a su minúsculo estomaguico. Ese pajarico, pequeño, elegante, saltarín y muerto de frío, tiene hambre, muchísimo hambre.
Yo me agacho, pongo mis manos ahuecadas y me quedo quieto. El pajarico guarda una prudente distancia. Está calculando si será buena idea irse acercando por si guardo algo de comer entre mis manos. Va y viene como bailando. Y baila con salticos, muertecico de hambre. Seguro que hace días que no come.
Y el frío, este invierno que no termina para nadie.
En realidad, a mí me pasa lo mismo.
El flaco pájaro, por fin, se acerca. Suavemente lo acogen mis manos frías.
En menos de tres minutos lo he desplumado y me lo he comido, crudo, como hago con todo lo que pillo.
Quedamos pocos hombres en el mundo, y pocos bichos.
Y no, al final no fue calentamiento global.

PRECAUCIÓN


Serafín Y Magdalena tomaron todo tipo de precauciones. A fin de cuentas, su hijito del alma, Gerardín, se merecía una educación de calidad.
Lo más difícil fue mantenerlo al margen de la masiva e insistente violencia con la que, tanto los dibujos animados como los videojuegos, les tenían avasallados.
Todo fue bien hasta que un día, un descuido, un telediario...

NO PUDO SER


Sentados en la pequeña mesa del café, Santiago Ridruejo recordaba cómo se conocieron.
Fue después de meses escribiéndose largos mensajes, en donde compartieron muchos sueños y algunas realidades.
A Santiago no le molestaba su poblada barba, ya se había acostumbrado. Es más, estaba pensando en dejársela él mismo también. Sería una forma de decirle que su amor estaba por encima de lo aparente, que su acercamiento obedecía a un sentimiento verdadero, meditado, guiado por el corazón.
La gente hablaría, serían señalados, molestados por los niños y muchos, pretendidamente, adultos. Pero eso lo tenía asimilado. Eso creía. 
Y ahora está aquí, Y Santiago le va a pedir en matrimonio. 
Pero recibirá un no por respuesta.
Santiago le coge las manos, mira dentro de sus ojos y ensaya una torpe despedida.
Y llora porque se da cuenta de que no habrá otra oportunidad.
Cuando desaparece tras la puerta, le llega un pensamiento cargado de serenidad.
Qué difícil debe ser trabajar en el circo de mujer barbuda.

TRANSPARENTE


Pues estaba con él, como siempre, tomando el cafelito de la tarde y, no sé, en un momento dado, pues... ¡Uf! Es que es muy fuerte, tío, me quedé mueeerrrto. Vi que, como si se volviera transparente, o sea, como que, como si se estuviese... Pero seguía hablando como si no pasara nada. Entonces debió ver mi cara y me preguntó que qué me pasaba. ¡¿Que qué me pasaba?! Eso sí que es bueno, el tío está desapareciendo y me pregunta que qué me pasa, manda guevos. Y nada, que me veo que va y viene, va y viene, se está volviendo transparente, tío, ¡transparente! Te lo juro, tío. Me levanté de la silla y miré a los demás, ¡Alucina! Los demás también estaban desapareciendo. ¡Mierda! ¡¡Mierda!! ¡¡¡Mierda!!! Quise coger a mi amigo por el brazo y salir de aquel bar cagando leches, pero ya no pude. Lo último que vi fue los ojos, llenos de espanto, de mi amigo que me miraba.
Y entonces, chás, me quedé sólo en este sitio tan raro.

sábado, 3 de marzo de 2018

SIMPLEMENTE, ERA


Porque hay que recordar que no eran aquello que estaba en boca de la gente nueva era, almas gemelas, no, nada de eso.
Esto era como, como muy terrenal, muy normal. Simplemente, era.
Con el paso del tiempo, incluso la gente fue perdiendo el interés, nadie le veía la gracia, la utilidad, o lo que fuera, y se quedaba la cosa en poco menos que una simple curiosidad.
Y eso que así, a primera vista, eso de nacer dos veces tiene su aquel. Yo mismo nací dos veces, y ya me ves, no noto la diferencia.
Y ahora, cuando ya ha pasado el jaleo, nos enteramos de esto, que ya hay gente que ha nacido tres veces.
No, si al final vamos a ser todos el mismo.

NO FUE ESO LO QUE HABLAMOS


No, eso no fue lo que hablamos.
Nos pasamos mucho, mucho tiempo, perfilando los personajes, dotándolos de la suficiente hondura y significado, como para que, a última hora y sin consultarme, te decidieras a terminar la historia de aquella forma.
Me vuelvo cuerdo, vaya, qué final inesperado, que dechado de ingenio, vertido sin gracia y con prisas. Todo mi trabajo tirado por el suelo.
Nunca debí fiarme, nunca, de aquellas tardes de falsa camaradería, de viandas y vino, de promesas y buenas palabras.
Pues no, señor Miguel, al final no recobro la cordura.
De Sancho, mejor no hablamos.

NO ME MIRES ASÍ


Me tienes harto. Qué digo harto, ¡estoy hasta los guevos!
Y deja de mirarme así, que no tengo monos en la cara. Mírate tú en el espejo, si es que tienes ganas. Nada, como si le hablara a la pared, mira que eres sieso. Pues por mí puedes mirar hasta que se te pudran los ojos, desgraciado.
Porque no me temblará el pulso si tengo que matarte otra vez.

AMIGO IMAGINARIO


Marta es una joven madre. Su hijo apenas tiene cuatro años, pero habla hasta por los codos. Ya le ha visto hablando solo en varias ocasiones. Claro, es un niño. Un hermoso niño que habla solo.
Hoy se ha quedado oyéndole sin que le viera. Mantenía una fluida conversación con alguien, puede que con un amigo imaginario. Y le ha gustado esa sensación, que tenga imaginación, sí, le ha encantado.
El niño se ha dado la vuelta y ha sonreído. Marta se acerca y se pone a su altura. Le presunta qué está haciendo, con quien habla. El niño le habla de su amigo. No lo veo, dice ella. Ya lo sé, contesta él.
¿Y qué te cuenta?
¿Qué quieres que te cuente, mamá?
¿Cómo? ¿Es que puede decirte lo que quieras?
Sí, sabe muchas cosas.
¿Qué cosas?
Todas.
¡Vaya! Pues...ummm...no sé qué preguntarle... 
Dice que papá está en un pueblo de Italia
¡Cómo! Italia.... ¿Qué más te dice?
Que los abuelos están bien.
Pero, cariño, los abuelos... Murieron en un accidente de coche,
Pero están bien.
¿Cómo sabe eso tu amigo?
Marta queda congelada. Se lo está inventando, claro, lo habrá oído en alguna conversación familiar, o yo qué sé. Marta decide cortar por lo sano. Un poco de imaginación está bien, pero...
Bueno, cariño, vamos a dejar este juego. Tienes que olvidar a tu amigo imaginario.
El niño se le queda mirando. Marta se levanta y va a salir de la habitación, pero el niño habla de nuevo.
Mi amigo dice que te diga que tu abuela te perdona por lo que le hiciste cuando tenías siete años. Marta se fue al sillón de la sala de estar, y allí se quedó toda la mañana llorando.

OLOR


Le gusta conducir, deslizarse por esas carreteras secundarias por donde apenas pasa nadie.
Hacía muchos años que no sentía esa sensación, la de abrirse paso hacia el horizonte como si no hubiese mañana.
Pero el viaje debe terminar.
Lo está pensando en este preciso momento, mientras llena el depósito de gasolina, mientras ya se empieza a notar el olor desagradable de la muerte que emana del maletero.

DOLOR SALVAJE


La única persona que puede arrancarle el dolor salvaje que lo destroza, acaba de salir por esa puerta para nunca más volver.

NO TE PREOCUPES, MADRE


La nevera llena, madre, con los congelados, pollo, fruta... En fin, de todo, madre.
Aquí te pongo el cargador del móvil, te lo dejo puesto en el enchufe para que no se te pierda, y el móvil en la mesa, por si tienes que llamarme.
Aquí te dejo la libreta con los teléfonos, el mío y el del hospital, que aún no estás recuperada del todo. ¡Nenes, dejar de montar escándalo, que la abuela le duele la cabeza! Sí, Tere, espera, que estoy con mi madre diciéndole que... No, sube a los nenes al coche, que ya nos vamos.
Madre, aquí te dejo las medicinas. Estas son las del desayuno, estas las del mediodía, y estas las de la noche. ¡Que no se te olviden, que tú ya no tienes la cabeza como antes...
Ojalá pudieses venirte, pero a ti no te gustan los viajes, y los nenes gritan mucho.
¡Ya voy, Tere, no hace falta que grites! ¿Pero aun estáis así? Venga, todo el mundo al coche.
Bueno, madre, nos vamos.
Y no te preocupes por nosotros, que quince días pasan muy rápido.

EN UN LUGAR


La asociación española de asociaciones regionales de vecinos, en nombre de todas las asociaciones provinciales de vecinos, y ésta, en nombre de todas las asociaciones de vecinos de cada pueblo de España, ha presentado una queja formal en los principales medios informativos de España, acusando a la Real Academia de la Lengua Española, de sumir a los jóvenes en la confusión y la desesperanza, con motivo del premio otorgado a Joaquín Casado, por la laureada reducción del Quijote. Recordemos que el texto reducido quedó así: - En un lugar, muerte ".
Dicha asociación analiza, por partes, el motivo que ha propiciado las quejas.
La primera parte (en un lugar), no sólo resulta ambiguo al no ofrecer asidero identitario, sino que permite la divagación informe, o más bien, deja sin asidero conocido a unos jóvenes que, justamente, necesitan tocar tierra y ser acogidos en un regazo amable y familiar, en una edad en la que un paso en falso puede dar al traste con su ansiado encuentro con el mundo en el que ansían madurar.
Pide, pues, la asociación al señor Joaquín Casado, la revisión de toda esa primera parte, y que se ande con cuidado, ya que nosotros, los mayores, tenemos la obligación de velar por que nuestros hijos obtengan la luz que sus caminos necesitan.
Y ya no hablemos de la sordidez que se adueña de toda la segunda parte, "Muerte", ese negro intríngulis lleno de desesperanza, pesimismo y vacío existencial.
El señor Joaquín pudo utilizar otro tipo de lenguaje, menos afectado por una densidad que no le hace falta, ni beneficia al texto. Creemos que los jóvenes no se merecen ese tono.
Y pensamos, más allá de toda duda, que D. Miguel de Cervantes jamás hubiese dado su aprobación a esta versión, al privarla de algunas de sus tramas laterales.
Desde este colectivo proponemos, desde el respeto más profundo, una versión mucho más positiva y edificante, y a cuyo resultado hemos llegado previa consulta de profesionales en el ámbito de la psicología, reconocidos por sus labores con los jóvenes.
El nuevo relato sería este: Texto: La Mancha, desvanecimiento. Así logramos un perfecto equilibrio, en donde la palabra desvanecimiento sugiere, más que mostrar, ese crudo final del relato reducido del señor Joaquín Casado.
Todo sea por nuestros jóvenes, por nuestros hijos.

miércoles, 28 de febrero de 2018

REDUCIENDO A LOS CLÁSICOS


La Real Academia de la Lengua ha puesto en marcha una iniciativa muy original, sorprendente y necesaria. La idea ya tiene nombre, "Reduce", y es muy simple, pero valiente y oportuna, ya que hará que las grandes obras literarias de todos los tiempos puedan llegar al público mayoritario, ávido del conocimiento de los clásicos, pero sin apenas tiempo de sumergirse en toda su extensión, a causa de la velocidad que imponen los tiempo modernos.
Y en esta primera edición, ha sido Joaquín Casado Arnáiz, quien ha recibido el primer premio del original concurso. La obra que ha elegido para reducir ha sido la del Quijote.
En la entrega del premio, el jurado destaca su perfecta sinopsis, reduciendo a siete las palabras empleadas en plasmar, con elegancia y profundidad, el espíritu de la famosa obra.
He aquí el texto íntegro original:

Título: Andante
Texto: "En un lugar de la Mancha, muerte"

Muchas felicidades, Joaquín.

P.D. Al cierre de esta noticia hemos recibido un comunicado, en el que se nos informa de una inminente edición especial para el público juvenil, que se encuadra en el esfuerzo que la Real Academia de la Lengua está haciendo para fomentar la lectura entre los jóvenes.
Joaquín Casado, en persona, ha sido el encargado de esta nueva versión, tal y como fue su expreso deseo, asegurando así que la nueva versión no quedara desvirtuada. "No quiero un texto despojado del nervio original. Los jóvenes se merecen un respeto", ha dicho.
La nueva edición mantendrá el hilo principal intacto, y tan sólo se modificará el texto para aligerar algunos pasajes, resultando su lectura más adecuada al nuevo público al que está dirigida.
Aquí les traemos, en primicia mundial, el nuevo texto:

 Título: Andarín
 Texto: "Un lugar, muerte".

martes, 27 de febrero de 2018

EQUILIBRIO


Hubo un tiempo en que todos entendían que había que mantener el equilibrio. Eso no era discutible. Un sueño, una realidad. Una nube, una piedra. Un impuesto, una alegría. Un puñetazo, una caricia. Pero llegó el gran cambio, con aquellos hombres anclados que permitieron, con sus nuevas leyes, el declive de un número importante de soñadores. Así fue como los tecnócratas tomaron el control y cambiaron la realidad. Y ahí las cosas se pusieron duras. Si bien los tecnócratas vivieron algún tiempo enredados entre máquinas perfectas, pronto sintieron el peso de la concreción en sus espaldas. Algunos enfermaron, otros murieron. Y los soñadores, pocos y arrinconados, apenas podían sostener una tenue ilusión, harto insuficiente cuando lo que se necesitaba era una visión pura, hija del vapor.
Y sí, las gentes tenían barcos, pero no destino; el naufragio era el único camino.
Dicen que fue cosa de suerte que naciera un niño, hijo de dos soñadores, que en su primera semana de vida puso las fuerzas, de nuevo, en su justo equilibrio.
Tuvo que pasar mucho, mucho tiempo para que se rompiera de nuevo, cuando un soñador se quedó dormido...

EL PRESIDENTE TENDRÁ QUE OLVIDAR


Hacía ya un mes que había sido nombrado. Entonces, el presidente llamó al
coronel encargado de esos temas. Cuando llegó al despacho y oyó el pedido, el viejo coronel se negó. El presidente, aún con la borrachera de la elección presente, se enfureció, gritó, ordenó, blasfemó. Y sólo así, el viejo coronel bajó los ojos al suelo, apretó los dientes y le dijo "a sus órdenes, señor presidente, pero recuerde que luego tendrá que olvidar".
Juntos llegan hasta las secretas dependencias. El viejo coronel ordena, y las puertas se abren. Aquí es, señor presidente. Disculpe que yo no entre. El presidente entra. Al momento sale. Su cara ya no es la suya, y nunca la volverá a ser.
El viejo coronel le recuerda que ahora debe olvidar.
Aunque los dos saben, más allá de cualquier duda, que eso no será posible.

LA LLEGADA DEL HOMBRE A LA LUNA


Gustavo es un hijo de los sesenta.
Allí, en su pueblito serrano, vio cómo llegaba la primera radio, la primera tele, en blanco y negro, y el cine que se proyectaba en el almacén de Paco.
El cine era mejor que la tele, porque era grande, en color y sólo ponían películas de Tarzán, de piratas y del oeste.
Vio el primer tractor, al hombre llegando a la luna en un cohete.
y escuchó a los Beatles, Su padre dijo que era mentira. Lo de la luna.
Ahora, Gustavo, es cuántico, con las mismas probabilidades de haber sido lo que fue como de no haber sido.
Gustavo sabe que aquel niño ya era mayor entonces. Tanto como ahora niño.
Y que su padre, por lo tanto, tenía razón.
El hombre llegó a la luna, o no.

lunes, 26 de febrero de 2018

ALLÍ, SOBRE LA PIEL DEL AGUA


En aquella playa no cabía ni un alfiler. Los cuerpos formaban una piel sobre la piel de arena.
Y entonces nos entró el sopor.
La luz abrió un nuevo espacio allí, enfrente nuestro, sobre la piel de agua. Lo que vimos puso a prueba nuestra cordura, lo que ninguno de nosotros hubiese creído si nos lo hubiesen contado. Pero lo vimos, tan claramente como puedo verte a ti, ahora. Y duró lo suficiente como para comentarlo con la gente de al lado, todos lo vimos, todos vimos lo mismo, todos quedamos fuertemente impresionados por el milagro.
Luego, después de otro corto sopor, volvimos a nuestra realidad.
Al día siguiente, un estudio realizado por los servicios meteorológicos, puso nombre a un nuevo fenómeno atmosférico, pero no lograron hacernos caer bajo la fina piel del olvido.

CREACIONES


El doctor Lozano invita a sentarse a la joven pareja que acaba de entrar. Ellos le explican, preocupados, los problemas que tienen con el niño. Están agotados y ya no saben qué más pueden hacer. El doctor Lozano les hace preguntas y toma notas en el ordenador.
Esta escena es observada a través de un monitor por dos científicos, que evalúan el comportamiento autónomo de las criaturas biológicas que han creado.
Pueden observar que, tanto el doctor como la joven pareja, hacen gala de un comportamiento cien por cien humano, sin asomo de duda, sin que se pueda sospechar de su origen programado.
Los dos científicos son llamados a la oficina central, donde serán sometidos a un control rutinario por el creador de estos nuevos humanos, en el que demostrarán qué tan idóneos resultan supervisando a sus compañeros no humanos.
Sí, el creador de siente satisfecho de lo creado, y espera con impaciencia el premio que le prometieron: en el próximo control le cambiarán su viejo cerebro por uno de última generación

EL OTRO, EL DEL ESPEJO


El día que me cambié con mi otro yo, el del espejo, quedé bastante sorprendido.
Aquí, en este lado, las cosas son lo mismo; misma realidad, mismo espejismo.
Aunque aquí soy zurdo.

domingo, 25 de febrero de 2018

REFLEJO


Durante un segundo, impresiona, pero luego no es para tanto.
Verás, me desperté un poco más temprano de lo habitual, entré al aseo y meé.
Luego me acerqué al espejo y miré a los ojos del reflejo, y entonces me cambié por el otro. O sea, salí de mí y me metí en el otro.
Desde el otro lado vi a mí otro yo un poco sorprendido, tanto como lo estaba yo mismo.
Entonces me giré, muy excitado, para investigar cómo era el otro lado del espejo, pero enseguida me tranquilicé y decepcioné al mismo tiempo.
El cuarto de baño, la casa, el pueblo que vi por la ventana, todo aquí era igual que el mundo que dejé al otro lado. Bueno, igual, igual, no. Aquí hace más frío.
Y el otro yo se estaba quitando la camiseta.

ALGO EXTRAORDINARIO


Don Quijote hace un alto que Sancho no duda en secundar. ¿Veis esos molinos, amigo Sancho? Vais a ver algo extraordinario, pues embestiré al mayor de todos y destrozaré sus aspas con mi lanza. Sancho mira a los ojos de su señor y calla. De sobra sabe lo inútil que resulta contradecirle. Pero ahora ya puede ver que está completamente loco.
Cómo sino se explica que sólo vea molinos donde acechan esos monstruosos gigantes.

RELOJES


Como todas las cosas grandes, aquello comenzó pequeño, como un tic tac.
En un pueblo de Albacete, no diré su nombre, una persona se dio a la tarea de destruir relojes, con la idea de hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. Porque los relojes son los artífices de la vejez, los que segregan la sustancia, densa, pegajosa e infame que nos precipita al tobogán definitivo.
Romper los relojes. A nadie se le escapa lo absurdo de semejante acto, pero nuestro personaje no lo percibía de esa manera. Rompió los de su casa; un despertador, uno de pulsera y el de la cocina, y los tiró a la basura.
Hacía lo que hiciera falta para lograr su absurdo propósito, pero, básicamente, los tenía que robar. Una señora de Huelva le pilló robándole el suyo, pero nuestro personaje le convenció para que se le uniera. Y así empezó la locura.
Y no crean que todo era a través del robo, pues la gente comenzó a romperlos por convicción, como un acto reflejo, como si hubiesen estado esperando esta iniciativa desde hace tiempo.
Cuando ya fue del dominio público y salía incluso en las noticias, aquello se desbocó. Todo el país hablaba de ello, y cada día se hacían corrillos en las calles, con montones de relojes destrozados voluntariamente por la gente, y que eran destruidos por el fuego, como antaño se hacía con los discos de la Beatles.
Así ocurrió en cada país, contagiados por una euforia incontenible.
Y aquellos actos, querido amigo, aunque no lo creas, pararon el mundo durante mucho, mucho tiempo.

HIJO PERFECTO


Carlos va a cumplir cinco años. Lo queremos con locura, es nuestra felicidad.
Hace unos días comenzó a tener un comportamiento extraño, la mirada perdida, dejó de contestar a nuestras preguntas. Al principio creímos que sería algo pasajero, pero ya nos han dicho que, posiblemente, sufrirá una degeneración biocelular.
Y lo peor es que no podemos tener más hijos.
El contrato lo dice expresamente. Sólo un elemento por matrimonio.
Porque aun cuesta mucho fabricar este prototipo.
Nuestro hijo, tan perfecto...

RODEADOS


Antes de morir, mi madre me contó algunas cosas de cómo era el mundo antes. Antes de que fuese como ahora, cubierto casi en su totalidad por hielo y nieve.
Vivo en una de las grutas de la montaña grande, con sesenta y tres personas más. Hay pocas mujeres, pero estamos logrando sobrevivir a pesar del frío, a pesar del hambre, a pesar del peligro.
Apenas salimos de nuestra gruta, y cuando lo hacemos, ha de ser con mucho cuidado.
Recogemos leña, algunas bayas y cualquier cosa que nos sirva para sobrevivir en nuestro pequeño ecosistema.
Después de tantos años viviendo arropados en las entrañas de la tierra, salir al exterior resulta un poco extraño y, sobre todo, peligroso.
Nadie de nosotros, en su sano juicio, quiere encontrarse con alguno de los miles de peligrosos yetis que nos tienen rodeados.

DECISIÓN HISTÓRICA


Alonso insiste, pero ella no quiere dar el paso.
Algunas amigas se ríen en su cara, y le cuentan, entre gloriosa algarabía, los picantes detalles de sus correrías nocturnas.
Alonso le ha dicho que si no accede a sus peticiones, se irá a recorrer mundo para olvidar, o por lo menos aquietar, la pasión que le enloquece.
Dulcinea ha recibido una educación estricta, no quiere contrariar a su madre. Y tiene miedo del qué dirán, y de las soflamas del cura cuando habla del infierno.
Hoy, Alonso se lo ha confirmado. Si no va a verle a la medianoche, se convertirá en caballero andante y recorrerá, a lomos de su caballo, las llanuras de la Mancha, desfaciendo entuertos para merecer a su dama, la bella Dulcinea del Toboso.
Ya casi es la hora.
Dulcinea está decidiendo.

CONTRACCIONES


Al, del, al, del, al, del...
No había duda, una obra literaria iba a nacer.

D. MIGUEL, EL ESCRITOR


El señor Cervantes se está enfadando.
Y es que Don Quijote ha tomado la costumbre de acabar las jornadas de polvo y sol envuelto en los vapores de fuertes vinos castellanos.
Yo le hablo al día siguiente, le digo que esta perdiendo la hidalguía y engordando. Las palabras se le traban en la boca y ya nadie le ríe sus, cada vez más, insípidas ocurrencias.
Por otro lado, al señor Cervantes le pido paciencia. Le miento, claro, esperando que mi señor D. Quijote recuerde el motivo de nuestro viaje, y que es D. Miguel quien paga la cuenta.
Esta mañana encontré a mi señor hecho un desastre, delirando y meado hasta los trinques. Traté de reanimarlo, pero me fue imposible. Cuando fui a pedirle ayuda, el señor Cervantes ya se había marchado. No fue ninguna sorpresa.
Anoche me llamó a su mesa y me dijo que estaba cansado, que había dejado de escribir, que ya no encontraba los motivos por los que puso en marcha esta perfecta locura.

SIGA RECTO, SIGA RECTO...


A diez metros del coche desbloqueó el cierre con el mando. Encendió el motor, conectó el mapa electrónico e inició su trayecto. Avanzó con seguridad por el complejo entramado de calles, rotondas, vías, autovías, autopistas y carreteras. Torció a izquierda y derecha, frenó y aceleró conforme a las robóticas indicaciones. Realizó cada maniobra con obediencia ciega, siguiendo las instrucciones que emanaba del moderno software, con esa voz femenina tan desagradable.
Así que, cuando se dio cuenta de que iba directo hacia un muro de dura piedra, lejos de frenar, aceleró.
El coche quedó hecho un acordeón, y él mismo quedó modélicamente muerto, mientras la señorita de voz desagradable insistía: siga recto, siga recto.

MI NIETO PREFERIDO-TOMA CUATRO


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase aquí, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
El nieto le cuenta algunas ficciones divertidas, una novia imaginaria, un trabajo que no existe.
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para pensar en este momento semanal que, día a día, cobra más sentido. Sí, porque ella, después de tanto tiempo, ya no se siente sola, mientras que él mismo ya se está acostumbrando a su alegría, a la tierna mirada de sus ojos cuando le oye hablar.
Y cada vez importa menos que ese joven no sea su nieto, que cobre un sueldo por venir cada viernes a pasar el rato con esa adorable señora que, de a poco, está perdiendo el sentido de la realidad.

MI NIETO PREFERIDO-TOMA TRES


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase aquí, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para pensar en este absurdo ritual.
Aquí está, una semana más, y puede que la espera se haga eterna. Pero la vieja no vivirá eternamente, y es el único que viene a visitarla.
Dicen que su marido le dejó la bolsa llena, así que, paciencia.
Cuando se despiden, como cada viernes, él se lleva su secreta intención, y ella queda contenta con la visita, a pesar de que no podrá dejarle el dinero que su nieto cree que aún le queda.

MI NIETO PREFERIDO-TOMA DOS


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase aquí, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para entrar subrepticiamente en el dormitorio y dejarle cien euros en la caja que la abuela guarda debajo de la cama.
Debe estar pasando malos momentos, pues desde hace dos años se los viene dejando, y ella nunca ha dicho nada.
Cuando se despiden, como cada viernes, el nieto se lleva su secreta alegría, y ella queda contenta, a pesar de no poder usar el dinero falso que el chorizo de su nieto le deja.

sábado, 24 de febrero de 2018

MI NIETO PREFERIDO-TOMA UNO


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
Como todos los viernes, el nieto le cuenta algunas mentiras; su novia, su trabajo.
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para entrar subrepticiamente en el dormitorio y llevarse cien euros de la caja que la abuela guarda debajo de la cama.
Debe tener una millonada, pues desde hace dos años le viene sisando, y ella no ha notado nada. Le parece.
Cuando se despiden, como cada viernes, el nieto se lleva su remordimiento, y la abuela queda contenta de ver que su nieto aprovecha el dinero falso que le dejó su marido antes de que lo metieran en la cárcel por estafa.

LA DECISIÓN CORRECTA


Un día, mientras esperaba que su marido volviera del trabajo, se dio cuenta cabal. Porque las cosas comenzaron de forma sutil, casi sin darse cuenta. Un gesto contrariado, un tono de voz artificial, pequeñas actitudes denigrantes. Así empezó todo, de forma sutil, casi sin darse cuenta.
Pero ayer, cuando Ignacio le dio la bofetada, Juan Carlos tomó la decisión correcta.

EL PROGRAMA


Siéntese dice el operario me siento y espero mientras el operario opera completamente sumergido en la pantalla del ordenador yo espero como siempre espero la verdad es que esperar es muy cansado es increíble la habilidad del operario pulsando teclas pero aun no me ha mirado saco mi móvil pero no tengo a quien mandar mensajes ni quiero hacer fotos ni nada de eso ahora me pide por fin el DNI que es la llave que abre la puerta a la siguiente puerta me pregunta qué quiero y le digo que necesito un pequeño crédito no no es para abrir ningún negocio ya me gustaría es para reparar la casa que se me echa encima tiene humedades y tengo que arreglar el tejado el operario me mira a la ojos durante tres segundos me da la impresión de que algo no va bien sigue comprobando cosas en la pantalla y al final se queda inmóvil torciendo la boca y formando una expresión desagradable lo siento me dice no puedo hacer nada pero yo soy cliente suyo desde hace más de veinte años le digo ya me dice qué más quisiera yo que poder ayudarle pero el ordenador no me deja verá usted es que eso lo hace un programa y a nosotros como ya le digo no nos deja el programa

TONTOS Y ARROGANTES


Recuerdo el 2063, el inicio de la Era cuántica.
A partir de aquella fecha todo era cuántico: la medicina, la física, las artes, las matemáticas, los medios de transporte. Incluso la gente empezó a estar y no estar a la vez, existiendo como una probabilidad.
En cierto modo, los que se adaptaron, convirtieron su existencia en algo verdaderamente mágico. Para los que no, pues se encontraron en una realidad confusa y agobiante.
No era extraño que la gente se suicidase.
También fue por aquel entonces cuando los instrumentos de medición comenzaron a escalar medidas que saltaban de dimensión, llegando en ocasiones hasta la séptima u octava, algo que no todos los científicos estaban dispuestos a asimilar.
Así fue como descubrimos que nuestra conciencia no se encontraba en el cerebro, ni siquiera en el cuerpo. Ni los recuerdos, ni los sentimientos. Así fue como descubrimos la verdad, esa que tanto despreciamos, de aquellos pueblos sabios, ocho mil años antes de Cristo.
Gracias a la ciencia ahora sabemos lo que éramos; tontos y arrogantes.

EL JOVEN CON GAFAS NEGRAS

Qué lejos le queda al señor Dionisio, el notario, aquel día de hace más de treinta años, cuando un hombre misterioso le pagó aquella fuerte suma de dinero por aguardar el tiempo que hiciese falta, a la espera de alguien que vendría a reclamar el contenido de aquella pequeña caja. No sin antes decirle la intrincada contraseña.
A decir verdad, la mujer que se la acaba de llevar también tiene una mirada extraña.
Esa mujer es la enfermera que trabaja en la residencia particular del pueblo, la que está en las afueras. La misma residencia que hace ya más de treinta años acogió a un joven bastante curioso, con sus curiosas gafas negras.
Aquel joven pagó una fuerte suma de dinero para asegurarse la estancia durante los años que hiciese falta.
En la escena que nadie vio, la joven enfermera se acerca al desconcertante individuo. Pero en vez del aseo rutinario, le quita las negras gafas y ve por primera vez aquellos ojos escondidos.
Después de ese encontronazo, el ya viejo inquilino sale apresuradamente de la residencia, camino del despacho del señor Dionisio, mientras la enfermera experimenta el poderoso sentimiento de existir en un cuerpo que no es el suyo.