Dicha asociación analiza, por partes, el motivo que ha propiciado las quejas.
La primera parte (en un lugar), no sólo resulta ambiguo al no ofrecer asidero identitario, sino que permite la divagación informe, o más bien, deja sin asidero conocido a unos jóvenes que, justamente, necesitan tocar tierra y ser acogidos en un regazo amable y familiar, en una edad en la que un paso en falso puede dar al traste con su ansiado encuentro con el mundo en el que ansían madurar.
Pide, pues, la asociación al señor Joaquín Casado, la revisión de toda esa primera parte, y que se ande con cuidado, ya que nosotros, los mayores, tenemos la obligación de velar por que nuestros hijos obtengan la luz que sus caminos necesitan.
Y ya no hablemos de la sordidez que se adueña de toda la segunda parte, "Muerte", ese negro intríngulis lleno de desesperanza, pesimismo y vacío existencial.
El señor Joaquín pudo utilizar otro tipo de lenguaje, menos afectado por una densidad que no le hace falta, ni beneficia al texto. Creemos que los jóvenes no se merecen ese tono.
Y pensamos, más allá de toda duda, que D. Miguel de Cervantes jamás hubiese dado su aprobación a esta versión, al privarla de algunas de sus tramas laterales.
Desde este colectivo proponemos, desde el respeto más profundo, una versión mucho más positiva y edificante, y a cuyo resultado hemos llegado previa consulta de profesionales en el ámbito de la psicología, reconocidos por sus labores con los jóvenes.
El nuevo relato sería este: Texto: La Mancha, desvanecimiento. Así logramos un perfecto equilibrio, en donde la palabra desvanecimiento sugiere, más que mostrar, ese crudo final del relato reducido del señor Joaquín Casado.
Todo sea por nuestros jóvenes, por nuestros hijos.

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