Serafín Y Magdalena tomaron todo tipo de precauciones. A fin de cuentas, su hijito del alma, Gerardín, se merecía una educación de calidad.
Lo más difícil fue mantenerlo al margen de la masiva e insistente violencia con la que, tanto los dibujos animados como los videojuegos, les tenían avasallados.
Todo fue bien hasta que un día, un descuido, un telediario...
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