Y deja de mirarme así, que no tengo monos en la cara. Mírate tú en el espejo, si es que tienes ganas. Nada, como si le hablara a la pared, mira que eres sieso. Pues por mí puedes mirar hasta que se te pudran los ojos, desgraciado.
Porque no me temblará el pulso si tengo que matarte otra vez.

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