Fue después de meses escribiéndose largos mensajes, en donde compartieron muchos sueños y algunas realidades.
A Santiago no le molestaba su poblada barba, ya se había acostumbrado. Es más, estaba pensando en dejársela él mismo también. Sería una forma de decirle que su amor estaba por encima de lo aparente, que su acercamiento obedecía a un sentimiento verdadero, meditado, guiado por el corazón.
La gente hablaría, serían señalados, molestados por los niños y muchos, pretendidamente, adultos. Pero eso lo tenía asimilado. Eso creía.
Y ahora está aquí, Y Santiago le va a pedir en matrimonio.
Pero recibirá un no por respuesta.
Santiago le coge las manos, mira dentro de sus ojos y ensaya una torpe despedida.
Y llora porque se da cuenta de que no habrá otra oportunidad.
Cuando desaparece tras la puerta, le llega un pensamiento cargado de serenidad.
Qué difícil debe ser trabajar en el circo de mujer barbuda.

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