En la mesa pequeña, esa del fondo, se encuentran el señor D. Quijote y su fiel escudero, dando cuenta de una copiosa sopa de ajo.
Apenas se han fijado en la pareja de rufianes que les preparan una broma bien pesada.
Tampoco sospechan nada cuando la mesonera invita a D. Quijote a un poco de vino de parte de un misterioso caballero.
Y sin perder tiempo, nuestros amigos siguen su camino, seguidos de lejos por los dos pillos.

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