Se da cuenta de que no logra dejar de lado el incesante run run de su diálogo interno.
Y tampoco el externo.
El mundo entero se revela como un obstáculo insalvable, tan denso, tan verborreico.
Entonces decide llevar a cabo un plan drástico.
Del fondo de su armario saca su pequeño tanga amarillo y se pone las gafas negras.
Las calles del centro de Madrid están abarrotadas.

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