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domingo, 15 de abril de 2018

LA EXCEPCIÓN


Diego deambula por las calles de su pueblo alfombrando las calles con sus improperios. Dicen que está loco, y tiene toda la pinta. Habla por lo bajini todo el tiempo, y de vez en cuando, grita esas cosas para mayores de dieciocho años. En su cháchara obscena se acuerda de todos los estratos sagrados que conforman el imaginario cristiano; son mencionados los santos, las monjas, papas, curas, ángeles y arcángeles. Las familias con hijos prefieren cambiar de acera, ya que no pueden cambiar de pueblo. Pero un día al año, Diego parece curado. Se levanta temprano, se arregla y se dirige a la iglesia. Reza, se confiesa y comulga como cualquiera. Ese día no dice ni pio. Pero a la mañana siguiente, después del descanso, vuelve a recorrer las calles de ese pueblo olvidado por dios y por el diablo, con el ánimo renovado y la boca repleta de disparos.

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