Vistas de página en total

lunes, 23 de abril de 2018

¡VENGA, ARREMETE!


Don Quijote duda. Se siente ridículo allí, sentado sobre lo que más parece la sombra de un caballo, con una lanza que no sabe manejar.
Sancho le observa con la mirada dura mientras le increpa: ¡vamos, hombre! Que son molinos... Sí, ya lo sé, le grita D. Quijote, pero ¡mira qué aspas!
Sancho Panza ya está cansado de aguantar a ese fantoche, pero sigue escribiendo cada noche lo que es, claramente, una exageración de cada tontería que les ocurre a diario.
Entonces, los molinos serán gigantes... ¡Qué aburrimiento!.
Pero no le queda más remedio que seguir con el cuento. Total, no hay otra cosa qué hacer.
Pero, vamos, que en cualquier momento se queda por ahí, tirado en una posada, borracho y tan perdido como él mismo.
Hace calor, y la vista se pierde en el horizonte.
Sancho le grita: ¡Venga, arremete! Que se está haciendo de noche. Pero D. Quijote se lo está pensando... 
Mejor estaría yaciendo con su amor, Dulcinea, en vez de seguir con este loco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario