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lunes, 23 de abril de 2018

LOCO, PERO NO TANTO.


Don Quijote estaba loco, pero no demasiado. Apenas había iniciado su andadura por el mundo cuando se dio cuenta de la diferencia entre leer historias de caballería y vivir esas mismas historias en carne y hueso. Leyendo novelas no sentía hambre ni frío, ni las duras jornadas montado en un caballo, viejo y flaco.
Si no fuese porque Sancho le acompaña, seguro que se habría vuelto a casa decepcionado. En eso pensaba cuando llegaron a los molinos.
Hubiese dado cinco años de su vida porque esos molinos, tan viejos y desvencijados, fuesen en realidad unos monstruosos gigantes, como los que mostraban sus libros de caballerías.
Pero no, la vida real era triste y simple como su misma vida.
Entonces, sin apenas pensamiento, se encendió la chispa en su cabeza.
Espoleó a su caballo y se lanzó, gritando como un energúmeno, contra aquellos gigantescos y monstruosos molinos de viento.

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