Tranquilo, voy a intentar no ser demasiado metafísico, que me acabo de levantar.
Pero es un buen punto de partida para expresar lo que quiero.
Entre el todo y la nada existe un punto, el punto medio.
No es un punto fijo, es un punto que nos permite ser sin lugar a dudas, nuestro punto de amarre entre la realidad y nosotros mismos, un lugar al que volver cada vez que las circunstancias nos lleven a experimentar el acto de vivir.
Lo cantaba Franco Battiato en una bonita y recordada canción. Es un centro de gravedad permanente.
¿Un centro de qué? De gravedad permanente.
Podemos imaginarlo como una bola metálica imantada, de modo que, pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, siempre vamos a tener esa fuerza que nos atrae a nuestro centro de gravedad permanente. Vamos y volvemos, subimos y bajamos, nos enfurecemos y nos calmamos, nos divertimos y volvemos al trabajo.
Este centro está emparentado con la fluidez, pues no se puede fluir si no tenemos nuestro centro bien listo para usar. Si está rígido o desengrasado, entonces se puede romper la conexión y dejarnos bien jodidos.
Todos tenemos este centro, pero no todos lo tenemos en un óptimo estado. Algunos puede que lo tengan en modo "mínimo esfuerzo". En ese caso no es posible alcanzar grandes sueños, emprender verdaderos desafíos. Nos tenemos que conformar con una suave sosería, vivir con lo justito para ir tirando. Para algunos, esto es suficiente; madrecita, que me quede como estoy.
Para otros, la vida no tiene sentido si no estamos meneando lo que sea, pidiéndole a la vida que nos lleve un escalón más arriba. En ambos casos tratamos con decisiones, con puntos de vista, con espectativas.
Pero hay una buena noticia, que este centro de gravedad permanente se puede fortalecer.
Como he dicho antes, no se trata de hacerlo más duro, más grande o lo que sea. Se trata de hacerlo fuerte pero fllexible. Si tuviese que compararlo con una parte de nuestro cuerpo, no sería con los músculos ni con los huesos; sería con los tendones. Fuertes como los huesos pero elásticos como los músculos.
Y se fortalece con trabajo y dedicación, con intención, con atrevimiento y con amor.
Una gran parte de la tarea tiene que ver con la dedicación y la disciplina, ser constante en realizar todo eso que nos alimenta; comer bien, activar el cuerpo con deportes o disciplinas tipo yoga, tai-chi, pilates, o tirarte al monte como una cabra. Llevar un control sobre tu salud, incluidos los controles a la parte física, emocional y mental.
La mayoría de veces nos encontramos pensando sobre un montón de cosas que queremos hacer, proyectos, ideas para mejorar el mundo y nuestro mundo, dejar atrás lo que nos hace daño, lo que no nos nutre. O decirle a esa persona lo que tenemos pendiente. O dejar atrás una relación que nos vampiriza, jajaja.
Cada decisión en la dirección correcta fortalece nuestro centro de gravedad permanente.
Pero, un momento, entonces ¿esto se hace para ser un chico bueno?
La respuesta es un rotundo... ¡¡NO!!
Porque lo que obtenemos al final es una potente herramienta desde la que poder realizar nuestro proyecto de vida, con decisión y alegría. Pero al final de la cadena estás tú, y eres tú quien debe valorar en qué vas a emplear esa fuerza, esa energía.
Recuerda que los chicos malos, los que están manejando para su provecho, se levantan temprano, se duchan y se afeitan, visten impecable, hacen deporte: pádel, vela, esquí, etc., toman decisiones cruciales, se enfrentan a la vida sin miedo, y sin miedo aprietan los botones y echan sus firmas.
Entonces quedamos en que existe un centro de gravedad permanente en nosotros, que se puede fortalecer, que es amoral, que es una herramienta crucial para actuar en el mundo y que es una putada bien gorda que nadie hable de ello.
Dicen que dicen que está situada en nuestra barriga, el mismo lugar que rige nuestro equilibrio, nuestro punto medio corporal.
Y dicen que quien lo tiene con el depósito lleno, puede bajar hasta el mismísimo infierno y subir hasta el mismísimo cielo, y no morir en el intento.
Piensa en alguien, conocido tuyo o famoso, que creas que tiene un potente centro de gravedad permanente. ¿Sí?
Para nosotros, que vivimos rodeados de una buena porción de caos, tener un centro de gravedad permanente se convierte en una necesidad, para no perdernos en el enredo, para volver a casa cuando estemos más perdidos que la aguja del pajar.
Pero es un buen punto de partida para expresar lo que quiero.
Entre el todo y la nada existe un punto, el punto medio.
No es un punto fijo, es un punto que nos permite ser sin lugar a dudas, nuestro punto de amarre entre la realidad y nosotros mismos, un lugar al que volver cada vez que las circunstancias nos lleven a experimentar el acto de vivir.
Lo cantaba Franco Battiato en una bonita y recordada canción. Es un centro de gravedad permanente.
¿Un centro de qué? De gravedad permanente.
Podemos imaginarlo como una bola metálica imantada, de modo que, pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, siempre vamos a tener esa fuerza que nos atrae a nuestro centro de gravedad permanente. Vamos y volvemos, subimos y bajamos, nos enfurecemos y nos calmamos, nos divertimos y volvemos al trabajo.
Este centro está emparentado con la fluidez, pues no se puede fluir si no tenemos nuestro centro bien listo para usar. Si está rígido o desengrasado, entonces se puede romper la conexión y dejarnos bien jodidos.
Todos tenemos este centro, pero no todos lo tenemos en un óptimo estado. Algunos puede que lo tengan en modo "mínimo esfuerzo". En ese caso no es posible alcanzar grandes sueños, emprender verdaderos desafíos. Nos tenemos que conformar con una suave sosería, vivir con lo justito para ir tirando. Para algunos, esto es suficiente; madrecita, que me quede como estoy.
Para otros, la vida no tiene sentido si no estamos meneando lo que sea, pidiéndole a la vida que nos lleve un escalón más arriba. En ambos casos tratamos con decisiones, con puntos de vista, con espectativas.
Pero hay una buena noticia, que este centro de gravedad permanente se puede fortalecer.
Como he dicho antes, no se trata de hacerlo más duro, más grande o lo que sea. Se trata de hacerlo fuerte pero fllexible. Si tuviese que compararlo con una parte de nuestro cuerpo, no sería con los músculos ni con los huesos; sería con los tendones. Fuertes como los huesos pero elásticos como los músculos.
Y se fortalece con trabajo y dedicación, con intención, con atrevimiento y con amor.
Una gran parte de la tarea tiene que ver con la dedicación y la disciplina, ser constante en realizar todo eso que nos alimenta; comer bien, activar el cuerpo con deportes o disciplinas tipo yoga, tai-chi, pilates, o tirarte al monte como una cabra. Llevar un control sobre tu salud, incluidos los controles a la parte física, emocional y mental.
La mayoría de veces nos encontramos pensando sobre un montón de cosas que queremos hacer, proyectos, ideas para mejorar el mundo y nuestro mundo, dejar atrás lo que nos hace daño, lo que no nos nutre. O decirle a esa persona lo que tenemos pendiente. O dejar atrás una relación que nos vampiriza, jajaja.
Cada decisión en la dirección correcta fortalece nuestro centro de gravedad permanente.
Pero, un momento, entonces ¿esto se hace para ser un chico bueno?
La respuesta es un rotundo... ¡¡NO!!
Porque lo que obtenemos al final es una potente herramienta desde la que poder realizar nuestro proyecto de vida, con decisión y alegría. Pero al final de la cadena estás tú, y eres tú quien debe valorar en qué vas a emplear esa fuerza, esa energía.
Recuerda que los chicos malos, los que están manejando para su provecho, se levantan temprano, se duchan y se afeitan, visten impecable, hacen deporte: pádel, vela, esquí, etc., toman decisiones cruciales, se enfrentan a la vida sin miedo, y sin miedo aprietan los botones y echan sus firmas.
Entonces quedamos en que existe un centro de gravedad permanente en nosotros, que se puede fortalecer, que es amoral, que es una herramienta crucial para actuar en el mundo y que es una putada bien gorda que nadie hable de ello.
Dicen que dicen que está situada en nuestra barriga, el mismo lugar que rige nuestro equilibrio, nuestro punto medio corporal.
Y dicen que quien lo tiene con el depósito lleno, puede bajar hasta el mismísimo infierno y subir hasta el mismísimo cielo, y no morir en el intento.
Piensa en alguien, conocido tuyo o famoso, que creas que tiene un potente centro de gravedad permanente. ¿Sí?
Para nosotros, que vivimos rodeados de una buena porción de caos, tener un centro de gravedad permanente se convierte en una necesidad, para no perdernos en el enredo, para volver a casa cuando estemos más perdidos que la aguja del pajar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario