Entonces quedamos en que los malos son feos y pierden siempre, y los buenos son guapos y siempre ganan.
Qué bien, me quito un peso de encima, porque yo soy de los buenos.
Una ventaja es que con no ser malo ya soy bueno, y se me perdonan esas pequeñas cosas que tengo por ahí, escondidas.
Por otro lado, los malos son odiosos y execrables. Y si dices execrables ya no necesitas decir nada más.
Bueno, vamos a empezar ya, en serio.
La figura, el símbolo del ying y el yang es muy revelador y descriptivo. La parte blanca acoge un punto negro, mientras el negro lo hace con una parte blanca.
Es muy raro encontrar gente integra al cien por cien. Más bien somos una mezcla. Y otro tanto digo de los chicos malos.
Quizás de ahí nos vienen nuestras contradicciones, entre lo que quiero y lo que puedo, entre lo que creo justo y lo que doy de de mí para conseguirlo.
Ese punto negro, que se ve como un pececillo nadando en el gran lago blanco, es lo que hace nuestra tarea interesante, pues es de esa lucha interna de donde puede nacer el guerrero que todos llevamos dentro.
A su vez, los malos tienen ese pececillo blanco nadando en un enorme lago negro. Para ellos es la oportunidad, pequeña pero real, de pasar al bando de los chicos buenos. Es difícil, pero no imposible.
¿Estoy dibujando un mundo de buenos y malos? Por supuesto, pero teniendo en cuenta la enormidad de tonos intermedios.
Malos y buenos.
Al final, ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos, sino más bien seres complejos. Y nos lleva toda una vida empezar a conocernos.
Es también por eso que andar juzgando no parece ser buena idea, ya que no se puede juzgar lo que no se conoce.
Termino con la metáfora de las líneas paralelas.
En nuestra elección de uno de los dos bandos es impensable un perfecto equilibrio entre ser buenos o malos, porque somos como líneas paralelas. Cualquier pequeña inclinación hacia lo malo hará que las líneas acaben chocando. Mientras que cualquier inclinación hacia lo bueno basta para que las líneas se abran.
Sé que la idea de "ser bueno" tiene cierta mala prensa, y que mucha gente se siente cómoda en la idea de que está bien ser buena gente en general, pero sin pasarse, no vaya a ser que nos empalaguemos.
Para eso ya se encargan ellos mismos de alojar algunos pecadillos que añadan esa emoción que, aparentemente, les falta a los chicos buenos.
Y sé que la idea de ser un chico malo resulta de lo más atrayente, pues nos permite gozar de todos los placeres prohibidos con los que sueñan los chicos buenos.
Y ahora sí, más en serio todavía. La simpleza que estoy usando nada tiene que ver con la moral. Hablo de nuestro interior, siempre dudando entre lo que deseo y lo que debo hacer, entre lo que me atrae y lo que estoy dispuesto a pagar.
Una vez más, podemos tener ideas elevadas de transformación, pero para conseguir subir un solo peldaño, hemos de luchar con esfuerzos sobrehumanos por lo que sabemos que es lo correcto.
Esta es una historia de elecciones guiadas por una gran elección.
Y eso es todo.
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miércoles, 2 de agosto de 2017
BUENOS Y MALOS
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