A la edad de diez años, Alonso Domínguez encontró un libro de yoga en el desván de la casa de una tía suya.
A los veinte meditaba, a los veinticinco se hizo cristiano y se retiró a la vida contemplativa. Unos años después descubrió a Castaneda.
Más adelante llegó la cábala, el tarot, el sufismo.
Y ya, en su fase final, se sumergió de lleno en el tao.
Por un tiempo.
Y fue una verdadera ironía que, al final de su vida, sólo encontrara sosiego entregándose al dios caballo.
A los veinte meditaba, a los veinticinco se hizo cristiano y se retiró a la vida contemplativa. Unos años después descubrió a Castaneda.
Más adelante llegó la cábala, el tarot, el sufismo.
Y ya, en su fase final, se sumergió de lleno en el tao.
Por un tiempo.
Y fue una verdadera ironía que, al final de su vida, sólo encontrara sosiego entregándose al dios caballo.

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