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lunes, 28 de agosto de 2017

TENTACIÓN

Admito que es una tentación. Y lo hacemos desde que son pequeños. Les vemos alargar la mano y nosotros, como movidos por un resorte, se lo alcanzamos.
Este gesto está cargado de buena intención, pero si se convierte en costumbre puede que estemos privando al niño de desarrollar sus propias herramientas.
En casos extremos, unos padres muy majos que quieran solucionar todos los problemas de sus amados hijos, pueden ver que, con el tiempo, ante los problemas de la vida se quedan hechos unos pasmarotes, esperando que unas manos invisibles les resuelvan la papeleta.
Para tratar con el dilema podemos echar mano del sentido común, y ver en cada caso cuando es realmente necesario intervenir.
Ya de mayores, hablamos de un sistema paternal instalado, que resuelve los problemas de ciudadanos votantes, eximiéndoles de su cuota de responsabilidad. Te voto para que me cuides. Esto tiene sentido en ciertos casos, pero es un caladero por el que se cuelan una enormidad de despropósitos.
Me barren la calle, me entierran a los muertos, me ordeñan la vaca. Y poco a poco, casi sin sentirlo, ponen pensamientos en tu mente, leyes incoherentes, despilfarros infinitos que pagas religiosamente.
Al final pagamos por estarnos quietos, y el pagado se convierte, lo convertimos, en el que maneja nuestra barca.
Y nosotros nos convertimos en pedigueños, ya que pronto entendemos que este sistema paternalista nos tiene pillados por los huevos.
Primero empieza a sisar, luego a descuidar la calidad del servicio. Más tarde te impone cosas que no necesitas, para finalizar vendiendo tus derechos de imagen a alguna multinacional.
Cuando pagamos dinero por servicios, nos perdemos el placer de hacerlos nosotros mismos.
Y no es solamente eso, no. Hacer nosotros mismos las tareas de la vida es el sistema que tiene la vida de tenernos conectados a ella.

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