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viernes, 4 de agosto de 2017

EL VESTIDO DE PRIMERA COMUNIÓN

Como es natural, me puse muy contenta cuando abrieron la tienda. Se especializaba en trajes de novia, uniformes de trabajo, trajes de gala. 
Y, claro, vestidos de primera comunión. 
Me extrañó que estuviese abierta en domingo, pero entré. Entré. 
Aún faltaban unos meses para la fecha, pero me vendría bien echar un vistazo. Un vistazo, sí, un vistazo. 
El dependiente, un chico del pueblo, estaba cerrando; puede que sólo estuviera ordenando un poco, o haciendo inventario. O haciendo inventario, sí, inventario. 
Puso una cara rara cuando me vio, pero me atendió enseguida. Enseguida. 
Yo le expliqué que mi hija iba a hacer la primera comunión en unos meses y que, por favor, me enseñara los diferentes modelos y colores que había. Los que había, diferentes modelos. 
Me sacó algunos y los puso encima del mostrador, y mientras yo los miraba, él entró a la trastienda. Entró en la trastienda. En la trastienda. 
Le oí como hablaba por teléfono. 
Bueno, no soy de esas que quieren enterarse de todo, pero no pude evitar acercarme con sigilo y oír como hablaba con alguien de alguien a quien mataron a su hija. A su hija, la mataron. 
Precisamente cuando iba a hacer la primera comunión. La mataron cuando iba a hacer la primera comunión, la primera. La mataron. Comunión. ¡Qué locura! La mataron. Muerta. 
¡Virgen santa! Lo que tengo que oír. 
 En la calle se oye una sirena. Se oye. 
Alguien, en algún sitio, necesita ayuda.

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