Hoy traigo un cuento de ciencia ficción.
Había una vez una célula. A pesar de su pequeñez en relación a nosotros, los seres humanos, aquella célula tenía un campo magnético, pequeño, claro, una cosa ridícula. Pero no lo veía así la célula, cuyo campo magnético le era más que suficiente para obtener el equilibrio y la salud que necesitaba.
Un día, una gran comunidad de células se pusieron de acuerdo para formar algo más grande que ellas mismas, una tarea gigantesca pero que encontraron llenas de sentido. A lo creado le pusieron el nombre de "órgano", un cacharro tremendo y complejo. Comprobaron que este órgano había creado un campo magnético que le rodeaba, fruto quizás de la suma de todos los campos magnéticos de cada célula individual.
Ahora mantenían su campo y estaban conectadas a un campo grupal.
Y con el tiempo se fueron creando muchos otros órganos, con similares características.
Finalmente descubrieron que la suma de tantos órganos individuales habían creado un nuevo órgano, uno que les contenía a todos. Le llamaron "cuerpo".
Y este cuerpo, oh, maravilla, también estaba dotado de un campo magnético.
Este gran campo sería, pensaron aquellos órganos, fruto de la suma de todos los campos individuales.
Y se sentían conectados, como si fuesen un sólo cuerpo. Bueno, eran un solo cuerpo.
Pasó un tiempo, y la cuerpos se dieron cuenta de que estaban acompañados de millones de otros cuerpos, todos existiendo con su propio campo magnético. ¡Qué maravilla!, dijeron al darse cuenta.
Pero un día, la maravilla se convirtió en milagro. Se dieron cuenta de que la suma de sus campos magnéticos les hacía pertenecer a un enorme cuerpo, formado por la suma de todos los cuerpos humanos. Eso ya lo he dicho. Pues eso.
A ese nuevo y gigantesco cuerpo que contenía a todos los humanos le llamaron humanidad, y no se sorprendió nadie al darse cuenta de que la humanidad enteraa también tenía un campo magnético, y que estaba continuamente comunicando con el campo magnético del planeta que les contenía.
Porque eso era otra historia. Una historia que cuenta que el planeta tierra tiene un campo magnético. Sí, este minúsculo, ínfimo y ridículo planeta.
Algún día os contaré cómo se juntó la comunidad de planetas, cada uno con su campo magnético, y formaron un sistema que les contenía, y entonces...
Bueno, ya me he cansado. Lo contaré otro día.
Ay, señor, como me gustan los cuentos de ciencia ficción.
Había una vez una célula. A pesar de su pequeñez en relación a nosotros, los seres humanos, aquella célula tenía un campo magnético, pequeño, claro, una cosa ridícula. Pero no lo veía así la célula, cuyo campo magnético le era más que suficiente para obtener el equilibrio y la salud que necesitaba.
Un día, una gran comunidad de células se pusieron de acuerdo para formar algo más grande que ellas mismas, una tarea gigantesca pero que encontraron llenas de sentido. A lo creado le pusieron el nombre de "órgano", un cacharro tremendo y complejo. Comprobaron que este órgano había creado un campo magnético que le rodeaba, fruto quizás de la suma de todos los campos magnéticos de cada célula individual.
Ahora mantenían su campo y estaban conectadas a un campo grupal.
Y con el tiempo se fueron creando muchos otros órganos, con similares características.
Finalmente descubrieron que la suma de tantos órganos individuales habían creado un nuevo órgano, uno que les contenía a todos. Le llamaron "cuerpo".
Y este cuerpo, oh, maravilla, también estaba dotado de un campo magnético.
Este gran campo sería, pensaron aquellos órganos, fruto de la suma de todos los campos individuales.
Y se sentían conectados, como si fuesen un sólo cuerpo. Bueno, eran un solo cuerpo.
Pasó un tiempo, y la cuerpos se dieron cuenta de que estaban acompañados de millones de otros cuerpos, todos existiendo con su propio campo magnético. ¡Qué maravilla!, dijeron al darse cuenta.
Pero un día, la maravilla se convirtió en milagro. Se dieron cuenta de que la suma de sus campos magnéticos les hacía pertenecer a un enorme cuerpo, formado por la suma de todos los cuerpos humanos. Eso ya lo he dicho. Pues eso.
A ese nuevo y gigantesco cuerpo que contenía a todos los humanos le llamaron humanidad, y no se sorprendió nadie al darse cuenta de que la humanidad enteraa también tenía un campo magnético, y que estaba continuamente comunicando con el campo magnético del planeta que les contenía.
Porque eso era otra historia. Una historia que cuenta que el planeta tierra tiene un campo magnético. Sí, este minúsculo, ínfimo y ridículo planeta.
Algún día os contaré cómo se juntó la comunidad de planetas, cada uno con su campo magnético, y formaron un sistema que les contenía, y entonces...
Bueno, ya me he cansado. Lo contaré otro día.
Ay, señor, como me gustan los cuentos de ciencia ficción.

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