Vamos, admitamos de una vez y para siempre que no existe la pureza.
No me refiero, por supuesto, a esas cosas religiosas, de ninguna manera,sino más bien a que todos estamos compuestos por elementos de muy distinta ralea.
Nadie dice la verdad siempre y en todo momento, nadie es ecuánime a tiempo completo, nadie es leal al ciento por ciento, nadie es de izquierdas o de derechas con todo el peso y el poso.
Nunca nadie en su totalidad.
Recuérdalo y no lo escondas más, porque ese engaño nos está destrozando la vida; la nuestra y la de la demás.
Cuando aceptamos esta obviedad ya no podemos echar nada en cara a nadie, ya no podemos juzgar.
De hacerlo, saldrá del armario el fascista de izquierdas, el gay del macho.
Saldrá el macho de la feminista, el pecador del cura, el asesino saldrá del santo.
Saldrá el militar de dentro del pacifista, la polla dura del pacato.
El antitaurino cortará las dos orejas y el rabo, el soñador despertará de golpe y porrazo, al razonable se le trabará la lengua, al guapo le saldrán verrugas.
Me puedes decir, y te daré la razón, que todo es cuestión de porcentajes; pero somos una mezcla de sabores.
Más azúcar, menos agua, colorantes y levadura, ralladura de limón.
Con esta sencilla receta ya tenemos suficiente para nunca estar contentos. Si tengo más azúcar que tú, eres un soso.
Si no tienes levadura, que no te esponjas.
Si tienes más ralladura, tú eres el loco.
Siempre, siempre es el otro.
Nunca, nunca nosotros.
Yo bebo vino pero soy moderado.
Tu estás borracho.
Estamos hechos de porcentajes, no existe en nosotros la certeza de la patena. Debajo de nuestra alfombra también hay mierda.
Venga, bajemos del burro, que está cansado. Cansado de llevar nuestras contradicciones a todos lados.
No, yo no soy puro, no sé si tal cosa existe.
Yo lo que quiero es aceptar lo que soy, mezclarme con el agua y la tierra, con la risa y el llanto. Y amasarme con mis propias manos hasta deshacer las dudas.
Vamos, admitámoslo de una vez; encontrar un hombre puro es muy raro.
No me refiero, por supuesto, a esas cosas religiosas, de ninguna manera,sino más bien a que todos estamos compuestos por elementos de muy distinta ralea.
Nadie dice la verdad siempre y en todo momento, nadie es ecuánime a tiempo completo, nadie es leal al ciento por ciento, nadie es de izquierdas o de derechas con todo el peso y el poso.
Nunca nadie en su totalidad.
Recuérdalo y no lo escondas más, porque ese engaño nos está destrozando la vida; la nuestra y la de la demás.
Cuando aceptamos esta obviedad ya no podemos echar nada en cara a nadie, ya no podemos juzgar.
De hacerlo, saldrá del armario el fascista de izquierdas, el gay del macho.
Saldrá el macho de la feminista, el pecador del cura, el asesino saldrá del santo.
Saldrá el militar de dentro del pacifista, la polla dura del pacato.
El antitaurino cortará las dos orejas y el rabo, el soñador despertará de golpe y porrazo, al razonable se le trabará la lengua, al guapo le saldrán verrugas.
Me puedes decir, y te daré la razón, que todo es cuestión de porcentajes; pero somos una mezcla de sabores.
Más azúcar, menos agua, colorantes y levadura, ralladura de limón.
Con esta sencilla receta ya tenemos suficiente para nunca estar contentos. Si tengo más azúcar que tú, eres un soso.
Si no tienes levadura, que no te esponjas.
Si tienes más ralladura, tú eres el loco.
Siempre, siempre es el otro.
Nunca, nunca nosotros.
Yo bebo vino pero soy moderado.
Tu estás borracho.
Estamos hechos de porcentajes, no existe en nosotros la certeza de la patena. Debajo de nuestra alfombra también hay mierda.
Venga, bajemos del burro, que está cansado. Cansado de llevar nuestras contradicciones a todos lados.
No, yo no soy puro, no sé si tal cosa existe.
Yo lo que quiero es aceptar lo que soy, mezclarme con el agua y la tierra, con la risa y el llanto. Y amasarme con mis propias manos hasta deshacer las dudas.
Vamos, admitámoslo de una vez; encontrar un hombre puro es muy raro.
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