Vistas de página en total

miércoles, 2 de agosto de 2017

INDIGNACIÓN

Seguro estoy que aquel libro estaba cargado de razones para sentirse indignado.
El título te mueve a la acción, a despertar del letargo.
El punto clave en nuestra evolución como seres humanos está en nuestro grado de consciencia.
Nuestro grado de consciencia marca la calidad de nuestros propósitos y nos permite usar las herramientas de forma responsable.
Las herramientas lo son todo; cada argumento, cada descubrimiento científico, social e incluso laboral, cada actitud colectiva y personal.
Un martillo, usado sin un nivel mínimo de consciencia, puedes ser usado para matar.
Un medio de comunicación, usado sin un nivel de consciencia mínimo, puede ser usado para manipular.
Y nosotros mismos, sin un nivel mínimo de consciencia, podemos ir sembrando confusión en vez de coherencia.
Bien, ya estamos indignados. Y ahora, qué.
Si la indignación es poca, puede que acabemos retirándonos, en silencio, después de haber soltado parte de la rabia contenida.
Puede que nos dé para tomar conciencia de dónde estamos y, de paso, qué medidas vamos a tomar para que las cosas que nos han traído hasta aquí, este caos, no se puedan repetir.
O podemos indignarnos mucho, enfurecernos, y salir a la calle, con palos y gritos, a matar al frankestein. 
Todo esto será decidido por el punto medio de todas las personas que lean el libro. Entre todas esas personas se creará un movimiento energético que cambiará las cosas. O no. Pero a buen seguro que siempre estamos decidiendo y cambiando.
A veces, por pereza, desconocimiento o dejación, tomamos las opiniones de otros como buenas.
Si ese es el punto, bien haremos en preguntar, enterarnos bien de las propuestas, hasta estar seguros de que lo que suscribimos se ajuste a lo que sentimos y queremos.
Una última consideración.
Para llegar a un punto en el que se hace necesaria una, parece que, justa indignación, hemos tenido que vivir un tiempo con los ojos cerrados, distraídos de nuestra responsabilidad de ser conscientes de la realidad.
Nos roban los políticos. Sí, pero seguimos votando.
Y, gracias a los votos, se perpetuará un sistema que esquilma a sus ciudadanos en todos los sentidos.
Eso sí, mientras tanto, regala algunas baratijas de vez en cuando.
Vale, yo también me indigno, pero por no haberme dado antes cuenta del engaño.
No. No con mi voto. Ya he tomado partido.
Revolución interna.
Es mi opinión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario