Yo siempre he sido un tipo muy coherente. Las tonterías que hago están en perfecta consonancia con las idioteces que pienso.
Pero he decidido dar un paso adelante. Ahora quiero cambiar algunas idioteces.
Más que cambiarlas, las quiero deshechar, desterrar, eliminar de mi modus operandi. Ya han cumplido su misión, que era hartarme de gastar energía de forma inútil y dañina.
Para ser coherente debo hacer coincidir mi discurso con mis acciones
Y no es nada fácil, te lo aseguro. Han sido muchos años de darle gusto al gatillo, de pedir a los demás lo que yo no estaba dispuesto a dar.
A eso le llaman ver la paja en el ojo ajeno.
Pero he decidido dar un paso adelante. Ahora quiero cambiar algunas idioteces.
Más que cambiarlas, las quiero deshechar, desterrar, eliminar de mi modus operandi. Ya han cumplido su misión, que era hartarme de gastar energía de forma inútil y dañina.
Para ser coherente debo hacer coincidir mi discurso con mis acciones
Y no es nada fácil, te lo aseguro. Han sido muchos años de darle gusto al gatillo, de pedir a los demás lo que yo no estaba dispuesto a dar.
A eso le llaman ver la paja en el ojo ajeno.
A eso le llaman andar cargado de razón.
A eso le llaman creerse el rey del mambo.
A eso le llaman quítate tú pa ponerme yo.
Durante años funciona, a todo el mundo le parece normal ir criticando, ir sembrando cualquier cosa en cualquier lado. Ahora sé que para sembrar hay que saber mucho de campo.
Y a veces sembramos directamente cizaña, que es como darse uno mismo palmaditas en la espalda mientras sonríes al pobre tipo al que has aniquilado con frases patibularias.
Al mismo tiempo, el ego engorda con la sensación de que estamos arreglando el mundo. Al pasar el tiempo bajamos del guindo, pues no era músculo el engorde sino grasa, sebo.
Y entonces, si eres de los currantes, llega el follón. Comienza la operación liposucción, el reconocimiento de los hechos. Y no funcionan los golpes de pecho ni las madres mías.
Hay que armarse de valor, enderezar las vías y reconocerlo: el otro es un otro yo.
Y nadie se abofetea sin ser ser tratado de loco.
Dime tú, dime, de entre todos, quién pasa la prueba del algodón.
La santa biblia está cuajada de incoherencias, pero entre ellas también se encuentran algunas verdades, algunas joyas.
A eso le llaman creerse el rey del mambo.
A eso le llaman quítate tú pa ponerme yo.
Durante años funciona, a todo el mundo le parece normal ir criticando, ir sembrando cualquier cosa en cualquier lado. Ahora sé que para sembrar hay que saber mucho de campo.
Y a veces sembramos directamente cizaña, que es como darse uno mismo palmaditas en la espalda mientras sonríes al pobre tipo al que has aniquilado con frases patibularias.
Al mismo tiempo, el ego engorda con la sensación de que estamos arreglando el mundo. Al pasar el tiempo bajamos del guindo, pues no era músculo el engorde sino grasa, sebo.
Y entonces, si eres de los currantes, llega el follón. Comienza la operación liposucción, el reconocimiento de los hechos. Y no funcionan los golpes de pecho ni las madres mías.
Hay que armarse de valor, enderezar las vías y reconocerlo: el otro es un otro yo.
Y nadie se abofetea sin ser ser tratado de loco.
Dime tú, dime, de entre todos, quién pasa la prueba del algodón.
La santa biblia está cuajada de incoherencias, pero entre ellas también se encuentran algunas verdades, algunas joyas.
De lo que hablo hoy es de ver la paja en el ojo ajeno y de no ver en nuestro ojo la viga.
Y afortunadamente, aunque seas perro viejo, esa enfermedad tiene cura.
La cura tiene nombre: despertar, abrir los ojos, ser crítico con nosotros, con nuestros pensamientos y conductas. Y con el repaso hecho, darnos a la tarea de ponernos al día.
No te digo ná pero te lo digo tó.
Y afortunadamente, aunque seas perro viejo, esa enfermedad tiene cura.
La cura tiene nombre: despertar, abrir los ojos, ser crítico con nosotros, con nuestros pensamientos y conductas. Y con el repaso hecho, darnos a la tarea de ponernos al día.
No te digo ná pero te lo digo tó.
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