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domingo, 27 de agosto de 2017

ESPERANZA

Te regalo la esperanza, ya no la quiero.
Cuando las cosas iban mal siempre te quedaba la esperanza. Espera, no te desesperes. Espera, que las cosas se van a arreglar. Espera sentado.
Seguro que va a llegar alguien a sacarte las castañas del fuego.
Las cosas no se arreglan solas, hay que ponerse al tajo.
La esperanza es la hermana boba de la paciencia.
La paciencia sabe que todo tiene su ritmo, su momento. Sabe que no hay que forzar a la gente o los acontecimientos. La paciencia nos pide reconsiderar los hechos, calmar los bríos cuando se nos va la olla.
La esperanza cree que alguien hará la comida y la cama, pagará el recibo de la luz y que volverán las oscuras golondrinas de tus balcones colgar.
La paciencia requiere aprender a controlar nuestros impulsos, manejar los tiempos.
La paciencia nos permite sentarnos enfrente de un árbol, y esperar con calma a que una hoja de desprenda de la rama y nos regale su baile al deslizarse hasta el suelo. Si finalmente no sucede, nos volvemos a casa. Otro día será.
La esperanza, si no cae la hoja, se impacienta.
A la paciencia la vamos moldeando con conciencia para que pase a formar parte de nuestro bagaje humano.
La esperanza de instala sin apenas permiso y se adueña de nuestros anhelos legítimos, dando a la fantasía visos de realidad.
Me acabo de enamorar. Ella es una chica estupenda que me hace tilin las veinticuatro horas al día.
Si tengo paciencia puedo intentar, cueste lo que cueste, llegar hasta el centro de su corazón. La paciencia es activa, requiere de mi comprensión, de mi esfuerzo y control.
Pero si tan sólo tengo esperanza, seguro que me dan las uvas. 
La esperanza es una fantasía hueca, barata e improbable.
La paciencia es causal.
La esperanza es casual.

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